El Niño de Coro (parte 2)
By: Il Musico (traducido por Pitter)

Post Feedback | Printer Friendly Format

[TESTICLES] [MINOR]

Continuación de la primera parte.


Newest Files




El niño de coro

Translation of Chapter Two of Il Musico's story.

Parte Dos

La escuela había recomenzado luego de las vacaciones de verano. Ahora estaban en octavo grado, un verdadero cambio… En el primer día en la escuela, Peter notó que varios de sus compañeros de curso habían cambiado sus voces durante las vacaciones. Entre ellos había dos compañeros del coro, que ahora estaban condenados al rango infame de coristas mudos, hasta que recuperaran algún control y pudieran rejuntarse como tenores o bajos. En realidad, ahora más de tres cuartos de los niños de su clase habían desarrollado voces de hombre. Pronto Bertrand y él mismo tendrían las únicas voces altas de todo el entorno, y eso sería obvio. Cuando le habló de esto a su amigo de largo tiempo, Bertrand sólo mostró su acostumbrada jovialidad ¿Qué importa? Dejémoslos que ellos vean. ¿O es que quieres tratar de convencer a tu auditorio de que todavía eres un niño aún cuando te pongas viejo y gordo? ¡Viejo y gordo! ¡Vaya una idea! Pero Bertrand tenía razón; por lo menos el llegar a viejo sería inevitable, y algún día no tendría sentido el esconder más su condición. ¿Pero, qué es ser viejo? ¿quince? ¿veinte? No; ¡realmente nada más de trece sería viejo! A lo menos por ahora. Eso era algo relativo.

Hubo educación física justo el primer dia de escuela. Había un nuevo profesor de deportes, el que había sido militar y lo único en que pensaba era en gritonear por todos lados, hacer correr a los niños, moverse bruscamente, y hacer todo tipo de ejercicio hasta que ellos suplicaban piedad, sólo para reírse de ellos y tratarlos de niñas perezosas. ¡Era un bastardo! Peter no tenía nada en contra de la actividad física, le encantaba nadar, andar en bicicleta, escalar, ¡pero con algún objetivo! Compartía ese punto de vista con Bertrand, y con ese interés, también con la mayoría de los otros niños. Rara vez a Peter le había disgustado más un profesor que éste. Fue rechazo a primera vista, confirmada durante la primera clase de deportes.

Finalmente cuando hubo terminado, los niños sudorosos, exhaustos, fueron a la sala de vestidores. Peter se sentó, tratando de recuperar su respiración, en tanto que Bertrand se apoyó contra la pared. Pero la paz no duró mucho; el nuevo profesor entró y surgió de nuevo el infierno. ¡Rápido, señoritas, a las duchas! ¡Uno, dos, uno dos! Peter lo habría matado si hubiera tenido cómo. Pronto las duchas estuvieron en uso, convirtiendo los oliscos cuerpos en algo socialmente más aceptable. Peter y Bertrand ya no trataron hacer el juego de ocultación que habían hecho antes de las vacaciones. ¿Por qué? Sus padres ya sabían todo, y sus compañeros de clases de todos modos pronto lo sabrían también, de modo que ya no era necesario tratar de mantener el secreto. Se quitaron su mojada ropa deportiva, y fueron también a las duchas, abiertamente. Pero cada uno estaba tan cansado por el esfuerzo que nadie miró a su vecino. Realmente era divertido el caminar por ahí abiertamente sin ser visto. Esa tarde todo el coro de la escuela se juntaría con el profesor de música. Los nuevos alumnos de quinto grado estarían también invitados a asistir, para que cada uno de ellos pudiera decidir si quería incorporarse al coro ese año. El Sr. Holtmann felicitó calurosamente a sus cantantes, y expresó su gratitud para todos aquellos candidatos que estaban asistiendo. En realidad había más alumnos de quinto grado que en el año anterior. Se debía seguramente al gran éxito que había tenido el coro el año anterior, gracias a voces como las de Peter, Bertrand, Robert, Jimmy, Thomas, y por supuesto Marc, ese esbelto, huesudo cantante contralto, que había hecho esos grandiosos solos en El Mesías. El profesor miró por sobre el grupo de agitados y locuaces jóvenes. ¡Sí, sus cantantes estrella estaban todos allí! Excepto por supuesto por el más grande, Tom, el solista bajo, y algunos otros niños que habían terminado su escolaridad y ahora se habían alejado entrando a la vida como adultos.

Luego empezó el trabajo de seleccionarlos. Esto era bastante trabajoso. No tanto con los mayores, que ya habían decantado sus voces y sabían a qué cuerda correspondían. Pero había algunos de doce años que creían que podrían cantar como bajos. Tenían que ser asignados a sus roles primero. La tarea más molesta era convencer a una pareja de niños del hecho de que ya no podrían cantar como sopranos o contraltos, y no todavía como tenores o bajos. El Sr. Holtmann nunca sacó a un niño así del coro, sino que lo hacía quedar como miembro aún cuando no pudieran emitir ningún sonido útil. Trataba de facilitarles el entrar como "quinta voz" al coro, la de los coristas mudos. Pero también se daba el placer de efectuar pruebas de voz en aquellas voces que se habían consolidado lo bastante en los últimos meses, de modo que ahora podían empezar a cantar como tenor o bajo. Realmente, había dos nuevos tenores con voces promisorias, y su querido Robert, el solista contralto estrella hasta hacía algunos meses, estaba entre aquellos que ahora podrían llamarse realmente bajos, con una voz bella, cálida y bien controlada. La parte más extenuante del trabajo era la prueba de las voces de los nuevos miembros del coro. Había cerca de veinte nuevos niños de quinto grado esperando para la admisión. ¡Era grandioso el tener tantos niños interesados en cantar! Pero tenía que probar la voz de cada uno. Esta prueba tenía dos partes: En la primera, él hacía que cada niño cantara las notas que él tocaba en el piano. El principal objetivo de esto era comprobar si el niño tenía un oído musical razonablemente bueno, y probar el rango de su voz, de modo de clasificarlo como soprano o contralto. La segunda parte era la que todos los miembros mayores del coro esperaban cada año. Los nuevos postulantes debían cantar una pieza de su propia elección, para demostrar que tenían el carácter necesario para cantar en público. Esta prueba era la que se consideraba como el criterio de selección más útil. Y no era ningún secreto que el Sr. Holtmann usaba esta prueba también como medio para seleccionar a sus posibles futuros solistas. Peter gozó la muestra de aquellos pequeños niños. Algunos cantaban muy seriamente, mostrando que habían pasado gran parte de sus vacaciones preparándose para esta prueba. Otros hacían un acto cómico de todo esto, y cantaban un bello dúo con sus voces claras como el cristal, aunque aún sin entrenamiento. Peter recordó su propia admisión, cuando él cantó también un dúo con Bertrand. ¡Qué mal que cantaba en aquel tiempo! Pero había sido lo bastante bueno, y aquí estaba, su vida cambiada, cambiado él mismo. Junto con Bertrand. Siempre juntos.

Lamentablemente otros dos niños fallaron en el test, puesto que no pudieron abrir sus bocas y sacar sus voces frente a toda esa gente. Era triste, pero cada año unos pocos niños fallaban su admisión en esta forma.

Entonces el Sr. Holtmann dio un esquema del programa del año. Comprendía unas pocas obras mayores, dos docenas de canciones menores, más el repertorio existente. Ya estaban planeados varios conciertos, se agregarían otros, y también estaba la posibilidad de unas pocas grabaciones. Peter notó con satisfacción que todas las obras mayores tenían extensas e interesantes partes de solista soprano. ¡Sabía que las conseguiría! Sonrió. ¡Pero algo habría que hacerse para conseguir que Bertrand también entrara! Obviamente el Sr. Holtmann estaba considerando un solo solista soprano.

***

Al dia siguiente Peter tenía los músculos adoloridos. No le sorprendió cuando Bertrand lo saludó con amargo aspecto. Tenía el mismo problema, y aún peor. ¡Oye, puedo sentir cada fibra muscular de todo mi cuerpo! ¡Ese tipo es un torturador! Debemos detenerlo, o nos matará. ¡Apenas puedo caminar! Y se dejó caer en la silla, echando su cabeza hacia atrás dramáticamente y dejando caer sus brazos. Peter se rió, y estuvo tentado de puncetear el estómago de su amigo, tan abiertamente expuesto en tal posición. Tendrían la tarde libre. "Vamos al lago después de almuerzo. Un poco de pedaleo y natación nos vendrá de maravillas. Bertrand echó su cabeza hacia adelante y dijo "Grrr" Pero luego se rió y aceptó.

En la ruta hacia el bosque, Bertrand apenas se detuvo a contemplar. ¡Este condenado tipo! ¡Oh, mis piernas! ¡Deberían colgar a bastardos como ése! ¡Ouch, mis brazos! ¡Tendremos que envenenar a ese torturador! ¡Ah, mi cuello! Peter sonrió. Pero tus pulmones están muy bien, a juzgar por todas esas bravatas. ¡No, también me duelen, por lo menos los músculos de mis costillas! Peter sintió que los músculos de sus piernas también le dolían, pero le pareció que Bertrand realmente había recibido la peor parte.

Cuando llegaron a la orilla del lago, a su lugar de costumbre, rápidamente se desvistieron, se encaramaron a su ya conocida rama del árbol, y jugaron en torno a ella, hasta que Peter perdió el equilibrio y cayó al agua. Cuando emergió. Bertrand saltó tras él, y ambos nadaron adentrándose en el lago. Se sentía grandioso el nadar desnudos en esa agua, con la naturaleza silenciosa y el buen amigo como única compañía. Sólo que el amigo no era tan silencioso como la naturaleza. Se mantenía quejándose de sus dolores musculares. Pronto se devolvieron, salieron del agua, y se tendieron en el pasto, bajo el aún cálido sol. Peter gozó esta sensación, y Bertrand permaneció finalmente en silencio. Pero no mucho rato. ¿Sabes qué? preguntó. ¿Qué? respondió perezosamente Peter. Todavía me duele. ¿Realmente es tan malo? Por supuesto, ¿o crees que estoy fingiendo? No puedo pensar en nada más. ¡Este tipo debe ser colgado! ¡Debemos denunciarlo al director!

Peter se rió. Déjame probar algo. Mantente derecho. Se arrodilló y tomó una de las piernas de Bertrand. ¡Relájate! le ordenó, y empezó a masajear sus músculos. Sintió que Bertrand tensaba la pierna. La palmoteó diciéndole: ¡No… debes relajarte! Ahora sintió que realmente Bertrand trataba de relajar su pierna. Masajeó el músculo, sintiendo el hueso a través de él, y sintiendo también algunos nudosos bultos. Los masajeó intensamente, mientras Bertrand se quejaba, la pierna tiesa, soltándose nuevamente. Peter continuó trabajando la pierna, terminando en el glúteo y luego trabajó con la otra pierna. Bertrand se había quedado muy silencioso. Peter comenzó a masajear la espalda de Bertrand. No había muchos músculos en esos huesos. ¡Era extraño que le dolieran tanto! Hizo un gesto mientras seguía masajeando la espalda de su amigo. El sabía cómo se sentía, puesto que su madre a veces le masajeaba la espalda. Luego alcanzó hasta el cuello, masajeando a todo lo ancho, y luego trabajó en una de los brazos y luego en el otro. Bertrand a veces se estremecía, pero sin decir una palabra. Luego Peter puso una de los brazos de Bertrand a lo largo de su cuerpo, y usó el otro brazo como palanca para hacerlo rodar sobre él. Bertrand no se opuso, sino que más bien se comportó como un saco de grano. Algo de pasto se estaba pegando en el húmedo y tostado torso y barriga de Bertrand. Peter vio la cara sonriente de Bertrand, y empezó a masajear su torso, y los costados, bajando hacia su barriga. Bertrand se estremeció de nuevo más a menudo, hasta que no pudo ya controlarse más, y gritó: ¡me hace cosquillas! Peter usó ahora sólo uno de sus dedos para oprimir suavemente la barriga de Bertrand, un tipo de masaje que parecía provocar menos cosquillas. Al hacerlo, miró de cerca los genitales del castrado. El escroto de Bertrand había casi desaparecido en los últimos meses. Ahí debajo se veía casi como él mismo, sólo que Peter tenía una cicatriz más grande en vez de dos pequeñas. Bertrand se rió de nuevo, y Peter tomó esto como la señal para comenzar a hacerle cosquillas con ambas manos, haciendo que su amigo estallara en risas como ametralladora, mientras trataba de zafarse de Peter. Los dos se revolcaron sobre el pasto, hasta que Bertrand dijo, entre involuntarias risas, que estaba a punto de hacerse pipa sobre el pasto. Peter dejó de hacerle cosquillas, y rodó fuera de alcance, esperando que su amigo recuperara el control, y luego le preguntó, ¿cómo lo sentiste? Se siente grandioso, salvo por las cosquillas. Produce una sensación extraña y agradable en la frente, pero ¿sabes qué? Mis músculos todavía me duelen. ¡Este profesor tal por cual! ¡deberían colgarlo!

***

Una tarde, mientras Peter estaba haciendo sus tareas, sonó el teléfono. Su madre atendió, puesto que las llamadas generalmente eran para ella. Pero esta vez ella lo llamó. Peter, es para ti. ¿quién es? preguntó, mientras se dirigía al aparato. No tengo idea, le dijo su mamá en voz baja, pero es voz de mujer. ¿una mujer? ¡qué raro! Yo no tengo nada que hacer con mujeres. Pensando esto, Peter tomó el fono. ¿Si? Peter al habla. Sonaba casi como profesional. Hola, Peter ¿cómo estás? dijo la voz del aparato. Realmente era una mujer. Ningún niño se sentiría así. Estoy bien, pero perdóneme mi franqueza, no tengo ideal con quién estoy hablando. ¡Oh, lo siento! ¡debí haberme identificado! Soy Sara Brown, ¿me recuerdas? ¿Sara Brown? ¡debe ser la loquera! ¡La psiquiatra que curiosamente compartía el apellido del mozo de la escuela! ¿Doctora Brown, es usted? ¡qué gusto de hablar con usted! Realmente era extraño decirle a una psiquiatra que era un gusto el hablar con ella, pero realmente Peter lo sentía así. La doctora Brown había hecho mucho por él, lo había apartado de la casa de locos, o por lo menos así pensaba él. Si, Peter, necesito tu ayuda. ¿Podemos vernos en algún momento? ¿o puedo ir a visitarte a tu casa? ¿o puedes venir aquí? ¡Eso sí que era extraño! Un doctor pidiendo ayuda a un anterior paciente. Peter casi no pudo evitar la risa. Por supuesto que podemos juntarnos, pero ¿cree usted realmente que yo puedo ayudarla? Mejor que nadie más, Peter. ¡Oh, oh, eso sí que era divertido! Peter lo tuvo a mucha honra. Creo que puedo ir a visitarla ahora mismo. ¿le parece bien? ¡Excelente! Tengo sólo un paciente más esta tarde, y me desocuparé en una media hora más. Pero no quiero importunarte ahora, si tienes alguna otra cosa importante que hacer… Peter fue rápido en responder. No, doctora Brown. Recién estaba haciendo mi tarea, y puedo hacerla más tarde. ¿Tiene usted algún lugar donde dejar mi bicicleta? Por supuesto, Peter, hay bastante lugar aquí. Peter se volvió hacia su mamá que se había acercado sorprendida por el diálogo, del cual alcanzó a escuchar sólo un lado. La doctora Brown quiere verme, ¿puedo ir ahora mamá? Ella miró un poco intrigada a su hijo. ¿por qué no? dijo. ¿Puedo hablarle? Peter le alcanzó el fono de modo que ahora fue Peter el que quedó intrigado por la conversación. Pero entonces su madre colgó, sonrió, y dijo: Está bien, parece que ella realmente te necesita. Más intrigado aún, Peter partió en su bicicleta.

Cuando Peter llegó a la oficina de la doctora, ella aún estaba ocupada con su paciente. La secretaria lo hizo esperar. Peter miró su bicicleta. Era divertido estacionar una bicicleta en la sala de espera de un psiquiatra, en el noveno piso de un edificio del centro de la ciudad. Había tenido un poco de problemas para meterla en el ascensor… Deberían construir ascensores más grandes en los edificios en que existen oficinas de psiquiatras. Para esos muchachos alocados que llegan en bicicletas de montaña. Después de un rato, un hombre salió de la oficina, y pronto apareció la doctora Brown. ¡Hola, Peter! ¡entra, por favor! ¡Gracias por venir tan pronto!

Una vez adentro, ella se puso a tono con su trabajo. Peter, realmente necesito tu ayuda. Pero es voluntaria. No estás obligado a ayudarme, ni a responder mis preguntas, si no quieres. Peter la miró a la cara. No sabía qué esperar. Peter, ¿conoces a Bertrand Legrand? ¡Vaya! ¡Ahora Peter comprendió de qué se trataba todo esto! Por supuesto, ha sido mi mejor amigo por varios años… y aún lo es. Me lo suponía, casi, dijo la doctora. De modo que también sabes acerca de su condición, ¿verdad? Peter miró hacia el suelo. Por supuesto que lo sé, doctora Brown. No tenemos secretos entre nosotros. Ella sonrió. Es una gran cosa el tener amigos en quien confiar, ¿verdad? Peter respondió en voz baja. Me alegra que usted lo entienda. Luego hubo una pausa.

La doctora recomenzó la conversación. ¿Le ayudaste? Peter no sabía qué responder. Después de un rato, preguntó ¿puedo saltarme eso? La doctora sonrió. Por supuesto que puedes saltártela, me lo esperaba. ¡Esta señora podía leer en su mente! Peter dijo en voz muy baja. Siempre le ayudo, en toda situación. Y siempre lo he hecho.

Peter, ¿de algún modo impulsaste a Bertrand en su decisión? Quiero decir, ¿pudo haberlo hecho sin tu ayuda? Peter se mantuvo de nuevo en silencio, sintiendo al mismo tiempo frío y calor. Doctora Brown, usted me dijo que necesitaba mi ayuda, pero no me dijo que quería hacer de Inquisición romana. La doctora se rió suavemente. Querido Peter, realmente necesito tu ayuda, De nuevo no necesitas responder cada pregunta. El asunto es que necesito entender qué poderosas fuerzas llevan a niños como tú y como Bertrand a cortarse partes de si mismos, con riesgo de sus vidas, enfrentando problemas sociales, y aceptando ese dolor.

Peter empezó una larga plática, explicando de nuevo lo que un niño sentía cuando pensaba acerca de la pubertad, lo que sentía respecto del futuro, las niñas, el canto, y cosas así. La doctora escuchaba calladamente. Cuando terminó, respondió: Todo lo que me dices es muy normal. Los niños prepubescentes generalmente detestan a las niñas. Y es tan normal también el ser reticente acerca de los cambios, y por supuesto, la pubertad trae grandes cambios. Pero aún así es casi inaudito que algún niño haga lo que ustedes dos han hecho. El canto es el factor decisivo en ambos casos. Por supuesto que lo es, dijo Peter. Esta señora entendía tantas cosas, muy bien, pero esto parecía estar más allá de su alcance. Mire, doctora Brown, a nosotros nos gusta cantar. Realmente, el canto es toda nuestra vida. Y para cantar se necesita tener voz. Buena voz. Yo tengo una buena voz de soprano, no quiero ser demasiado modesto acerca de esto. Y Bertrand también tiene una buena. Si no hubiéramos hecho lo que hicimos, por ahora no estaríamos ya en condiciones de cantar más. Pero lo hicimos, y continuaremos cantando por muchos años. Cualquier otra cosa es secundaria para nosotros. ¿Es eso muy difícil de entender? Nuevamente hubo una larga pausa.

Tenía que ser de ese modo. Tu amigo me dijo lo mismo. Y él también parecía ser muy normal y razonable, salvo por esto. Igual que tú. Pero hay algo que me intriga. Tal como tú, Bertrand me dijo que lo hizo él mismo. ¿Realmente no hay nadie más tras ésto? ¿Algún profesor, empresario, o lo que sea, que esté castrando niños para su propio beneficio? Peter se rió. ¡Usted debe haber visto la película sobre Farinelli! Estimada doctora Brown, realmente, le aseguro que no hay tal persona. Lo decidí por mí mismo, y Bertrand lo hizo por sí mismo, y eso es así. Quizá él lo hizo con más facilidad sabiendo que yo lo había hecho y me había resultado bien. Pero eso es todo. Cada uno de nosotros lo decidió libremente. ¿Pero tú le ayudaste a hacerlo? Peter se puso de pié. ¡Sí, le ayudé! ¡Si no lo hubiera hecho, se habría matado a si mismo al intentarlo! ¡No podía dejar a mi amigo sólo en ese momento! Ahora estaba al descubierto. Peter pensó que así era, pero estaba equivocado. ¿Y él te ayudó antes? No, yo lo hice sólo. Peter, tu amigo no me dijo que le ayudaste. Puedo entender que tú no quieras echarlo al agua; pero créeme, no quiero hacer nada en contra de ti, sólo quiero entenderlo todo.

Peter se había puesto rabioso. ¡Usted probablemente nunca lo entienda! ¡Usted no es cantante! Ella respiró hondo. No, no lo soy; sólo soy una psiquiatra que se interesa en entender el comportamiento desusado. Sea el de un excéntrico o el de un genio. Hizo una pausa, y continuó, ¿hay alguien más en tu club? Peter respondió, No por ahora, pero las inscripciones están abiertas. ¡Esa era la idea, por si acaso! ¡Formar un club! Sonrió para sí. Peter, debes prometerme algo: ¿Qué cosa? Nunca hables a otro niño acerca de castrarse a si mismo. Eso no es bueno para ellos, y podrías tener serios problemas si alguien te denuncia a los padres, o a la policía, a los profesores, o a cualquiera otro. Peter respondió con firmeza: nunca he hecho eso, ni lo haré jamás. Pero tampoco le diré que lo eviten. Cada uno deberá decidirlo por sí mismo.

La doctora tomó otra pausa antes de responderle solemnemente: Peter, estoy cada día más impresionada contigo. Me has ayudado mucho hoy día, aún más de lo que tú crees. Gracias, muchas gracias. Y mi primera oferta sigue en pié. Si necesitas alguna ayuda de mi, ¡no dudes en venir!

Con eso, terminó la entrevista.

***

Los ensayos del coro estaban un poco aburridos. Así era cada año. Cuando los nuevos miembros del coro se incorporaban, el Sr. Holtmann gastaba mucho tiempo enseñándoles las técnicas de respiración, la lectura rápida de la música, el canto a la vista, y cosas así, y la mayor parte del tiempo se dedicaba a ejercicios de vocalización. Había muy poco de real canto coral, y eso sólo con las canciones más sencillas, bien conocidas del coro. Ahora lo mejor de eso era un Negro Spiritual, del cual Peter cantaba la guía. Oh, bien, tales primeros ensayos de coro de cada año escolar eran un mal necesario, para hacer que los principiantes se alinearan con el resto del coro. Pronto comenzaría la diversión. Tan pronto como haya una fecha firme para alguna presentación pública.

Peter acortaba el tiempo observando a sus compañeros. Jimmy se veía también aburrido. El era ya casi un cantante profesional para no aburrirse con esto. Thomas, Johnny, y Brian tomaban esto como una obligación más, no muy deseada, pero sin mayor inconveniente. Sus voces estaban mejorando cada mes. No podía faltar mucho tiempo para que ellos pudieran cantar también los solos de primera clase. En la cuerda de los contraltos divisó esos tres muchachos que habían sido seleccionados para los solos hacía algunos meses. Entre ellos, Marc con su voz profunda, limpia y en cierto modo convincente. Se veían contentos esos tres altos y esbeltos muchachos. Eran los de más estatura de su clase. Definitivamente, la constitución corporal debía tener bastante que ver con el tipo de voz. Los sopranos generalmente no eran tan altos, y algunos de ellos algo gruesos. Especialmente Johnny, era casi grueso, no tanto como para decir gordo, sin señas aún de estirones de crecimiento… ¡y ese muchacho debía tener también unos doce años, o cerca de eso! Definitivamente había diferencias… Entonces su mirada se posó sobre los de sexto grado, que gozaban de que ahora también fueran mayores también, y luego en los cerca de veinte de quinto grado. Lo estaban tomando muy seriamente, haciendo lo mejor con sus pequeñas voces infantiles…

¡Peter! ¿estás en huelga? Dio un salto. El profesor estaba esperando que cantara de nuevo la introducción del Negro Spiritual, ¡y él no se había dado cuenta! ¡Nada de huelga, señor Holtmann! ¡Usted sabe que yo estoy siempre listo, como boy scout! ¡Sólo despiérteme! El profesor se rió. Yo sé que esto es terriblemente aburrido para ti, pero es muy necesario. Ahora, vamos. Dio las notas de entrada, y Peter cantó su parte mientras se preguntaba cuán diferente el anciano lo trataba ahora. Más como un colega que como un colegial.

***

Aún quedaba mucho del verano. ¡Qué lástima que la escuela les dejara tan poco tiempo para gozarlo! Pero tan a menudo como podían, Peter y Bertrand se escapaban en sus bicicletas. Ellos iban más y más lejos, y poco les quedaba por descubrir dentro del radio de unas cinco horas de recorrido en bicicleta. Habían pedaleado por los bosques, subido los cerros, aventurado en vecindades supuestamente peligrosas sin hallar nada que fuera obviamente peligroso en ellas, pero muy a menudo sólo se iban a su lugar junto al lago donde habían gozado tantos buenas atardeceres. Así era también hoy. Llegaron a su discreto lugar en el bosque, se quitaron sus ropas, y sobre el pastizal se encaramaron a esa rama de árbol que colgaba sobre el agua. Se sentaron por un rato cara a cara, charlando de todo y de nada, dejando que sus piernas colgaran a ambos lados. No habrían podido hacer esto tan cómodamente antes de castrarse, pero ahora les parecía tan natural el sentarse de ese modo. Sus piernas se habían alargado, ya no necesitaban equilibrarse, ya que las piernas eran suficientes para balancear sus esbeltos cuerpos. Peter alzó sus brazos. En algún momento su centro de gravedad se alzó lo bastante para hacer que perdiera la estabilidad. Las bajó rápidamente, y de nuevo quedó estable. Le divertía el sentir que la física funcionaba… En tanto que Bertrand copiaba la idea, Peter miró la ingle de su amigo. Ese pequeño pene que se apoyaba en la rama del árbol, como el de un niño mucho más pequeño, y sin nada detrás… En cierto modo se veía atractivo. Como debería ser. Y las piernas de su amigo, derechas y suaves, profundamente doradas por toda su actividad al aire libre. Miró su propio cuerpo. Realmente no muy diferente; sólo un poco más alto y más huesudo. Podría tocar la guitarra en sus costillas. ¿Debería comer más? ¿Pero por qué? Se sentía muy bien así…

¡CATAPLÚN! Peter estaba en el agua. Involuntariamente. Cuando emergió, oyó que Bertrand se reía en el árbol. ¿Por qué tendría él el hábito de hacerle perder en sus pensamientos? Le había costado tantas bromas, tropiezos, chapuzones… Cuando se ensimismaba en sus pensamientos, todos a su alrededor se daban cuenta y lo aprovechaban. Esta vez Bertrand sólo lo había empujado. Peter superó la embarazosa situación salpicando agua sobre Bertrand, hasta que su amigo también saltó al agua, aún riendo. Nadaron lejos. Era grandioso el nadar en el lago. Peter nunca se preocupó de si podría regresar a la orilla. De algún modo lo haría. Como siempre. Nadó y nadó, con Bertrand junto a él. No hablaban mientras nadaban. Hasta que Bertrand se detuvo, se quedó derecho en el agua, y dijo. Ahora, o regresamos o habremos cruzado el lago. Crucémoslo… ¿puedes? Seguro, ¡y también el Estrecho de Magallanes! ¡vamos a eso! Bertrand se rió mientras empezaba de nuevo a nadar. Estaban bastante lejos de la orilla. Peter también se rió. El Estrecho de Magallanes debe ser un poco más helado, creo. ¿Has pensado alguna vez en vivir allí, al final de Sud América, donde se acaba el mundo? ¡Claro, pero no me gusta caminar dado vuelta, con los pies por sobre mi cabeza! ¡Y ahora allí es el frío invierno! Se rieron mientras nadaban suavemente de regreso a la orilla.

Repentinamente, Bertrand dijo ¡Mira allá! ¡Hay alguien entre nuestras cosas! En realidad, Peter pudo ver un pequeño cuerpo allí. ¡Apurémosnos! dijo Peter, y se fueron en un estable y rápido estilo crowl. Se olvidó el cansancio, Cuando estuvieron mucho más cerca, Bertrand demostró que tenía mejores ojos al declarar. Parece que es Marc. ¡También hay otra bicicleta! Después de un rato, Peter pudo confirmarlo. Ahora sabrá. ¿O quieres quedarte en el agua? Bertrand estaba casi sin aliento por la veloz natación. ¿Estás tan vergonzoso, Peter? TODOS lo sabrán, tarde o temprano, y probablemente temprano. ¡Ahora, de nuevo alguien le había dicho que era demasiado vergonzoso! Peter no respondió, siguió nadando, llegó a la orilla y caminó fuera del agua, con Bertrand muy cerca tras él. Ambos fueron derecho donde Marc, abiertamente, y se tendieron a su lado. Peter le preguntó, intrigado y también un poco molesto, ¿Cómo hallaste nuestro sitio privado, Marc? El niño menor respondió: Andaba en mi bicicleta, cuando te vi pasar volando por mi calle. Te seguí. Vi que te juntaste con Bertrand, y los seguí a ambos a distancia segura. No fue muy difícil, ustedes nunca miraron hacia atrás. ¿De modo que estabas aquí desde que llegamos? preguntó Peter. Por supuesto, me escondí tras esos arbustos mientras ustedes se desvestían, se subían al árbol, se sentaron por cerca de media hora igual que mi hermana y su pololo en el parque.

Bertrand se puso de pie. ¡Eso merece un castigo! dijo, y cogió la mano de Marc desde detrás haciéndole caer de espaldas. Peter cogió los pies del niño, se puso también de pie, levantaron a Marc y lo llevaron al borde del agua. Bertrand explicó: ¡Esta playa es para las personas que gustan nadar! y luego, a la cuenta de tres, Marc fue lanzado al agua, con ropa y todo. Riendo, los dos volvieron a la playa y se tendieron mientras Marc salía del agua con las ropas empapadas, sacudiendo su cuerpo. Abusadores, dijo, son más grandes que yo, y dos contra uno. Peter repuso: ¡NO es porque seamos mayores, sino porque nos has rastreado. No nos gusta esa actitud. Bertrand agregó: Todo novato aquí debe ser bautizado, Ahora eres bienvenido y puedes venir cuando quieras… ¡pero abiertamente, y no ocultándote! ¡Y ahora quítate tus ropas mojadas, o te pescarás un resfrío! Realmente Marc estaba tiritando. Después de todo, había estado sentado inmóvil por mucho más de una hora, y luego esto…

¿Nadie nos ve? preguntó. Bertrand se rió. Tú eres el primero que nos ha seguido hasta este lugar. Y nosotros venimos a nadar aquí desde que estábamos así de chicos. Y mostró el tamaño de un niño de seis años, lo cual era bastante exagerado en este caso. Marc se puso de pie, fue tras un árbol y se desvistió allí. Peter sonrió, y también Bertrand. ¡Este niño sí que era muy vergonzoso! ¡Seguramente debía venir de un hogar católico!

Marc extendió sus ropas sobre un arbusto, caminó juntando las piernas hasta la playa y se tendió boca abajo. Después de un rato, Bertrand dijo: Se siente mucho mejor ¿verdad? Marc asintió calmadamente. Por lo menos el sol brilla y calienta. Después de un rato agregó: si mis padres llegan a saber algo de esto, me encerrarán con llave. No puedo irme hasta que mis ropas estén secas. Peter se rió. Tus padres deberían verte como estás ahora, ¡luciendo el traste al cielo para que todos lo vean! Había tocado el punto álgido; Marc se puso rojo. Después de un rato se relajó de nuevo. Me juntaré más a menudo con ustedes aquí, si me prometen no bautizarme de nuevo. Bertrand replicó: Siempre que tú vengas abiertamente, y te unas a nosotros nadando desnudo, tus ropas estarán secas y limpias. ¡Es una promesa! ¿Puedes nadar bien? Creo que sí, respondió Marc.

Después de un rato, Bertrand sintió que su barriga se helaba por el húmedo pasto. Quiso darse vuelta, pero eso significaba exponerse completamente a la vista de Marc. ¿Habría ese niño notado algo? Peter se puso de lado, con la espalda hacia Marc. Luego de un rato, Marc dijo simplemente. Siéntete como en tu casa, Peter. Date vuelta. Yo se que eres un castrado. Peter se quedó helado. ¡Tan pronto se había extendido la palabra! ¿O es que se había dado cuenta cuando salieron del agua? ¡Pero él había usado la palabra italiana con tanta naturalidad! ¡Y este muchacho podía leer también su mente, igual que Bertrand! ¿O es que todo estaba resultando demasiado obvio? Pero Marc habló de nuevo. Por de pronto, Bertrand, yo se que tú también lo eres. Lo supe hace largo tiempo. Desde el concierto de El Mesías. ¡Todo era demasiado obvio!

Peter se puso de espaldas y Bertrand hizo otro tanto. Peter preguntó, aún admirado: ¿Tienes idea de si alguien más lo sabe? Marc se rió, ¡todos! ¡por lo menos en el coro! Y por supuesto todos tus compañeros de curso. Ellos corrieron la noticia. ¡También contaron el cuento de ustedes dos tratando de esconderse en los vestidores! Peter miró a Bertrand y Bertrand lo miró a él. Pocas veces se había sentido tan tonto como ahora. ¡Ellos habían estado allí, actuando como si quisieran esconder su condición, en tanto que todos lo sabían y actuaban como si no se hubieran dado cuenta! Después de un rato, Peter se rió. ¡Entonces, no más secretos! Entre los profesores, ¿sabes quién lo sabe? Marc se mostró pensativo. Se me ocurre que el Sr. Holtmann lo sabe, por lo menos respecto de ti, Peter. Pero probablemente nadie más. Hemos sido discretos acerca de eso. Peter estaba empezando a sentir afecto por Marc.

Luego de una pausa, Marc dijo: mi estómago se está helando, y se dio vuelta, exponiéndose al sol y a cualquier mirada errante. ¡Estás aprendiendo rápido! comentó Bertrand. Peter miró al riño. Era tan largo y fino, sólo huesos y piel. ¿Cómo podría tal voz residir en ese delgado cuerpo? Sus pernas eran rectas y delgadas. Entre ellas tenía todo lo que debía estar allí, Peter estaba seguro. La barriga estaba curvada hacia adentro; los huesos de la cadera se marcaban. Las costillas de Marc sobresalían mucho más que las propias. Chanceó; ¿eso es un arpa, o qué? E hizo correr sus dedos por sobre las costillas del niño. Marc instintivamente levantó sus rodillas, y luego se rió, mientras cogía la mano de Peter. Nosotros los contraltos no necesitamos mucha gordura, dijo. De modo que era verdad, pensó Peter. Incluso ese niño pequeño lo sabía.

Ya era tarde en la tarde cuando los tres niños pedalearon de regreso a casa. Habían nadado un poco más, y esta vez había sido voluntariamente, incluso para Marc. Sus ropas se habían secado casi completamente, y sólo las cosas más gruesas estaban aún un poco húmedas. Eso si que no era demasiado obvio.

***

Peter se despertó bañado en sudor frío. ¿Qué había sido eso? ¿Un sueño o una realidad? Cogió el interruptor de la luz y la encendió. La repentina y fuerte luz lo cegó. Miró su reloj. ¡Las tres y media de la noche! ¡Ufff! Debe haber sido un sueño. ¡Pero qué locura de sueño! Peter apagó la luz, y trató de entender qué era lo que había estado soñando.

La escuela había sido un edificio mucho más viejo que el real. Las salas muy altas, paredes muy gruesas, ventanas angostas y altas. Y él estaba viviendo allí, en la escuela, no en casa de sus padres. Lentamente se calmó, y reorganizó sus recuerdos. El sueño debe haberse situado en una época muy remota, puesto que no había computadores en él, sino sólo una biblioteca. Y sin luz eléctrica. Ni tampoco autos, sino sólo carruajes tirados por caballos. En realidad, tan antiguo era el sueño que no había agua corriente en el edificio de su sueño, sino sólo un pozo afuera en el jardín, una sala de baño en el sótano, con tinas de baño de madera en medio, y excusados en casetas exteriores. Peter había leído acerca de tales casetas. Nunca había visto una, pero ahora había soñado con ésta, y su sueño parecía tan real, ¡tan detallado!

Recordó más. Sus amigos allí eran Robert, Marc, varios otros. ¿Bertrand? No, no podía recordar. ¿Cómo podía haber dejado a su mejor amigo fuera de su sueño? ¡Peter estaba enojado consigo mismo! ¡Pero, espera, los nombres estaban cambiados! Marc era Marc, sí, pero Robert era Roberto… ¡Su propio nombre había sido Pietro en vez de Peter! ¡El sueño se había situado en Italia! Pero, ¿por qué Marc era Marc? ¡En Italia debería haber sido Marco! Los sueños nunca se ven perfectos. ¡Ahora él recordaba su mejor amigo en el sueño: Giovanni! ¿Podría Giovanni ser Bertrand? El Sr. Holtmann había estado allí pero con un nombre muy diferente. También el doctor de la escuela. Y él le había querido verlo desnudo, tal como en la realidad. y… ¡sí! ¡el doctor lo había castrado! ¡En el sueño no había sido su propia decisión, sino que lo había aceptado con mucho agrado! ¡Se le hacía claro a Peter que él había estado soñando una historia de la era dorada de los castrati, asentada en la Italia barroca, y centrada en torno a él mismo y sus amigos! ¡Qué locura!

Claro, esa escuela había sido un famoso Conservatorio. Su vida, allí en el sueño, había sido el canto. Por supuesto. Tal como en la vida real. Pero algo muy malo le había sucedido a Giovanni/Bertrand. ¿Era realmente Bertrand? ¡Afortunadamente nó! ¡Y no había sido lo único malo! Peter trataba de descubrir más detalles, pero era muy difícil recordar completamente un sueño. Pero una cosa estaba clara. Este sueño había sido muy real, increíblemente lleno de detalles, y de alguna manera lo había tocado profundamente. Definitivamente era algo para recordar.

Se durmió sin soñar el resto de la noche, pero al siguiente día, en la escuela, le comentó el caso ansiosamente a Bertrand, preguntándole si él, de una u otra forma, creía en la reencarnación. El amigo lo escuchó calmadamente, y sólo le dijo: ¿Debo ayudarte a hallar la dirección de la doctora Brown?

La opinión de Bertrand sobre la materia estaba suficientemente clara.

***

La escuela continuó su rutina. Peter lo tomó con liviandad. El siempre tenía buenas calificaciones sin gran esfuerzo, y de algún modo ahora se le hacía más fácil que antes. La mayoría de sus compañeros de curso parecían aproblemados por quemantes asuntos filosóficos. ¡Ser o no ser! Peter se reia de eso. Realmente no había motivo para eso. Si alguien tenía motivos para estar meditativo eran Bertrand y él. Pero ambos eran positivos, abiertos y directos, y llegaron a ser los mejores estudiantes de la clase, muy apreciados por todos.

Tenían clase de deportes ese día también. Mientras se ponían sus ropas deportivas, Peter no pudo evitar el pensar. ¡Esos bastardos, lo sabían todo y no nos dijeron nada! Pero estaba bueno que ellos hubieran mantenido el secreto, por lo menos ante los profesores. Ahora Peter se dio cuenta de cómo algunos lo miraban. ¡Les daría una lección! Pero después de clase. No ahora.

El profesor de deportes, del cual Peter ni siquiera quería pensar el nombre, los hizo sufrir de nuevo. ¡Cómo podía alguien tan abrutado ser llamado profesor! Peter prefirió desconectar su mente tanto como pudiera, y sólo mecánicamente hacer el mínimo esfuerzo de trabajo que lo mantuviera alejado de mayores problemas. Así lo hizo la mayoría de los otros niños, salvo unos pocos que eran especialmente dotados en término de músculos (pero no de cerebro) y que buscaban el favor del profesor haciendo más de lo que ese tipo les pedía. Bueno, cada loco con su tema, pensó Peter, y continuó con su actitud de mínimo esfuerzo, lo cual ya era bastante difícil.

Cuando terminó la clase, y los niños se fueron a los vestidores, Peter se desvistió y fue a las duchas que enfrentaban la entrada del área de las duchas. Notando quién miraba tras él, se detuvo, se dio vuelta, y declaró en alta voz: ¡Ahora esta es la ducha de los castrati, y si ustedes quieren mirar, háganlo abiertamente! Le pareció divertido, pero no por mucho tiempo. ¡Veinticinco pares de ojos se fijaron en él, la boca abierta, y una expresión incrédula en sus caras! Entonces Joel se paró junto a él, le sacó fuera de la caseta de la ducha, y sus compañeros formaron un círculo en torno a él. Todos de pie ante él. Algunos miraron hacia otro lado. Otros miraron hacia abajo para ver mejor. Finalmente Joel preguntó en voz baja, ¿eso fue un accidente, o… ? no terminó la pregunta. Larry lo lanzó: ¡Apuesto a que fue ese maldito pervertido de Holtmann que está castrando a sus coristas!

De inmediato quedó claro para Peter que había cometido un grave error. Ahora tenía que aclararlo de algún modo. Por sobre todo, tenía que proteger al Sr. Holtmann, que no tenía nada que ver con esto. En voz baja, dijo, ¿no sabías que yo soy un castrato? ¿nadie lo sabía? Robert alzó su voz. Yo me di cuenta hace tiempo que tú y Bertrand estaban jugando al juego de las escondidas. Y cuando lo terminaste, me di cuenta de lo que había sucedido. Tan fácil como eso. Y lo siguiente fue que veinticinco pares de ojos se volviero hacia Bertrand, que estaba sentado solitario en un banco en la esquina de la sala. Silenciosamente se puso de pie. Separó ligeramente las piernas, y levantó su pene por la punta. Todos lo miraron ahora a él. De nuevo algunos miraron hacia otro lado. Bertrand dijo, Creíamos que todos ustedes ya lo sabían. Peter probablemente los asustó. ¡pobres! Luego se rió. Por lo menos ahora ustedes lo saben, y, caballeros, vuestra discreción acerca de este asunto será altamente apreciada. Hay mentes inocentes que proteger. Ahora algunos de los niños se rieron. Pero Joel de nuevo se volvió hacia Peter. No has respondido mi pregunta. ¡Si nos dices quién hizo esto, armaremos una patrulla y haremos que esa persona pague por lo que hizo! Alzó su voz. ¿Están todos de acuerdo? La mayoría de los muchachos aprobaron en alta voz. Pero Peter explicó: por el amor de Dios, dejen tranquilo al Sr. Holtmann. Es completamente inocente. Si ustedes quieren batir al bandido que hizo eso… hizo una pausa, deben batirme a MI. Lo hice yo por mi mismo. Libre y soberanamente.

Le tomó algún tiempo explicar toda la historia. Peter y Bertrand aún no estaban listos cuando el profesor irrumpió y desató el infierno como nunca lo había hecho antes, al notar que sus alumnos habían gastado diez minutos en los vestidores sin haber empezado a ducharse. ¡Les enseñaré a tomar el paso, señoritas perezosas! ¡No puedo dejarlos ni un minuto sin que se pongan a dormir! y cosas así. Fue bueno que el hombre estuviera demasiado ocupado para mirar a su alrededor. No habría visto nada especial, a pesar del hecho de que dos castrati desnudos estaban de pie frente a él.

Mientras ellos regresabn a la sala de clase, Peter se acercó a Robert. ¿le dijiste a ese Marc lo que sabes acerca de nosotros? La pregunta de Peter era directa. La respuesta de Robert también lo fue. Si, yo lo hice. Y luego prosiguió: Estuve mucho rato con Marc. después de todo, él es mi continuador como solista contralto, y debo pasarle mucha tradición a él… Sonrió. Siempre me pregunta muchas cosas, y entre ellas estaba el por qué mi voz había cambiado tan tempranamente y la tuya no. El punto era inevitable. Pater comprendió los motivos. ¿Pero le dijiste que todos los compañeros de clase lo sabían? Ahora Roberto se rió. No, Peter, si él te dijo eso, sería sólo su propio agregado. Marc es mucho menor que nosotros, y a él le gusta poner un poco de fantasía en todo. Esa es en parte la razón por la cual él es tan buen cantante.

***

Peter y Bertrand se fueron al lago en la tarde. El resto de los días del verano tenían que aprovecharse al máximo. Cuando llegaron allí, hallaron a Marc tendido de espaldas en el pasto, actuando como si estuviera sólo en el mundo. Peter sonrió. ¡Ese muchacho sí que había sido rápido para asimilar el nudismo en la playa! El niño apenas les guiñó un ojo, y apenas les saludó cuando se dio cuenta de la llegada de los antiguos dueños del lugar. Mientras ellos se desvestían, Marc dijo. Ustedes tienen un bastante buen calentador aquí en el cielo. Podría estarme aquí todo el día. Peter sonrió y le advirtió. Y luego te estás toda la noche, y las siguientes tres untándote alguna cosa en las quemaduras. ¿Has estado expuesto al sol durante todo el verano? Estás tan blanco como una sábana. Bertrand agregó, Yo diría que Marc está ya bastante rojo. ¡Lo notarás esta noche, Marc! Pero el niño sólo se rió. Siempre me pongo rojo al sol, y dos horas después estoy blanco de nuevo. Realmente nunca me tuesto mucho, y ni siquiera me quemo con el sol. Sólo el despellejamiento usual. Pero también es verdad que no he tenido mucha oportunidad de ir a l playa este verano. Extraño, pensó Peter. ¿Por qué no fuiste? ¿No te gusta? Mis padres nunca van. A ellos no los gusta. Consideran que e pérdida de tiempo… y no me dejan ir solo. Pero ahora ya tengo doce años, y he decidido tomar algo de control. Peter tomó nota de esto. ¡Este chico tiene ya doce años! Pensaba que Marc era menor, pero entonces, seguro, ese tamaño era más apropiado para dice que para once años de edad.… ¿Cuándo fué tu cumpleaños? Marc sonrió. ¡No ha sido! ¡Es! ¡Hoy día!

¡Vaya una sorpresa! Peter y Bertrand cantaron el "Cumpleaños feliz", y Marco, al fin y al cabo sin modestia, se les juntó, cantando "feliz cumpleaños para mi". Entonces Bertrand le hizo un guiño a a Peter. pero antes que pudieran coger a Marc y lanzarlo al agua, el niño saltó y echó a correr. ¡Me prometieron no más bautismos! gritó, ¡Síganme! Trepó al árbol, llegó hasta la rama que colgaba sobre el agua, extendió sus brazos y caminó, manteniendo el equilibrio como un artista de circo. Tan alejado como pudo llegar, se dio vuelta e hizo señas de invitar. ¡Vengan! ¡síganme! Caminó algunos pasos retrocediendo hacia el tronco, se puso de nuevo de cara al lago, corrió hasta la curva de la rama y saltó, enviando un choque por todo el árbol, volando como Superman en un amplio arco y entrando en el agua casi sin salpicar. Bertrand, atónito, dijo: ¡Parece que cantar no es la única cosa que sabe hacer! Peter miró hacia el lago, donde Marco estaba recién emergiendo a veinte metros de distancia- Y nosotros tontos le preguntábamos si sabía nadar…

Ambos trataron de imitar el salto de Marc, pero Bertrand salpicó por todos lados, y Peter ni siquiera terminó la carrera antes de perder el equilibrio y caer al agua, aún tratando de correr. Nadaron tras Marc, y luego los tres se fueron juntos lejos lago adentro. A Marc le gustaba nadar rápido, pero pronto se cansó y se hizo más lento. Entonces Peter le preguntó. Marc, ¿estás seguro que todos en el coro y en muestro curso saben lo que nos ha sucedido a Bertrand y a mí? Marc se puso de espaldas, puesto que le requería menos esfuerzo el nadar así, y respondió, con respiraciones entrecortadas. Yo no hablé con todos, pero por lo menos Robert lo sabe, de seguro. Probablemente los demás también. ¿Probablemente? Peter estaba algo furioso. ¿De modo que cundo nos dijiste que todos lo sabían era sólo una probabilidad, y no un hecho? No hubo respuesta. Peter nadó hacia Marc y lo tiró del brazo. El niño sacó su cabeza del agua y preguntó. ¿Dijiste algo? ¡Si! ¡Ahora, mantén tus orejas fuera del agua y úsalas! y repitió la pregunta. Marco trató de jugar al científico. Bueno, técnicamente hablando, no podría estar cien por ciento seguro de ello, pero fue algo tan obvio que yo sólo aproximé ese noventa por ciento de probabilidad a cien. Peter cogió un poco de agua entre las manos y la lanzó a la cara de Marc. ¡Tú, maldito mentiroso! ¡Me hiciste dar un espectáculo totalmente fuera de lugar! ¡Sabe que Robert era el único que sabía acerca de eso! ¡pero ahora lo sabe todo el mundo! ¡Debería hundirte! Y le envió otra ola a la cara de Marc. Cuando el culpable tosió el agua que había aspirado en los pulmones, y resolló el resto, Peter se apaciguó nuevamente. Pero Bertrand de algún modo se interpuso entre los dos. No lo matemos. aún necesitamos un cantante contralto. Pero realmente, Marc, no has puesto en problemas. Trata de separar la realidad de tus fantasías en el futuro, por lo menos ante nosotros. Aún tosiendo, Marc empezó a regresar a la orilla. Los otros dos lo siguieron.

***

Los tres se hicieron buenos amigos. Marc Dejó su tendencia a adornar los hechos por el agregado de fantasías, en tanto que los otros le perdonaron el mal comportamiento de una vez. El les enseñó a ellos cómo hacer un amplio salto desde la rama del árbol, confesándoles que él lo había practicado mientras los demás estaban por otra parte. Hablaron de muchas cosas, y no poco de eso fue de la música. Interminables discusiones acerca de la forma correcta de manejar algunas partituras, reflejando la diferencia entre la forma de encararla de los contraltos y los sopranos. Los tres gozaron en mostrar ejemplos prácticos de canto. Fue una productiva amistad, cuyos resultados se demostraron durante los ensayos de coro. Su canto solista tuvo un prolongado efecto en el coro, que cantó mejor que nunca. El Sr. Holtmann lo notó y anunció gratas nuevas. ¡El mayor tamaño del coro durante el año se usaría para montar el Sacred Choral Music de 1648, de Heinrich Schütz! Un gran obra para coro de seis partes, favoriti, solistas, orquesta y órgano, en el más refinado estilo del gran compositor, basado en la tradición del renacimiento veneciano. No necesitó anunciar a los solistas, lo cual estaba ya suficientemente claro. El profesor distribuyó las partituras, gruesos paquetes de papel de música. Se veía impresionante. Entonces dijo simplemente, Estos son los primeros diez motetes. Pronto les daré los otros diecinueve. Todos de una sola vez puede ser un paquete demasiado pesado para llevarlo. Peter los ojeó, y comenzó a cantarlos mentalmente. ¡Esto era una obra maestra! ¡Una música que flotaba, que se suspendía, que nadaba, que se enhebraba! Incluso la mirada de las partituras era una vista para disfrutarla. Trató de imaginar cómo debería sonar esa oleada entre el favoriti y el coro, pero era demasiado para comprenderlo tan rápido. Comenzaron a trabajar en ella de inmediato, y después de dos horas estaban exhaustos, tanto física como emocionalmente, y apenas habían aprendido sólo el primer motete de dos minutos de largo. ¡Pero era tan bello! Los ojos de los de quinto grado estaban todos brillantes, ¡no habían esperado oir, ni mucho menos cantar tal música, a sólo meses de ingresar al coro!

Como repaso, el profesor les hizo cantar algunas de las bien conocidas y fáciles canciones, la mayoría Negro Spirituals, y Art Nova, antes de enviarlos a casa, cansados pero con una indescriptible felicidad. A Peter le tomó horas el desenvolverse. Su padre no conocía la obra. Pero al ver el entusiasmo mostrado por su hijo, tomó su tarjeta de crédito, encendió el computador, y buscó en los catálogos de música en línea y ordenó un paquete de dos CDs con la grabación completa, ejecutada por el coro de niños de Hannover, conducido por Heinz Hennig. El solista soprano era nada menos que Sebastián Hennig, el hijo del director, uno de los mejores solistas de las últimas décadas. Esta debería ser la mejor grabación disponible, y un buen modo de aprender cómo debería sonar la obra.

Peter se fue a la cama, pero le tomó un largo rato el quedarse dormido. Se preguntaba cómo tanta gente podía perder su tiempo escuchando ese rasposo rock y ruidos de pop, cuando había una música tanto más bella en el mundo.

***

Era una todavía cálida tarde en el lago, con los tres amigos gozando del sol sobre sus cuerpos y siesteando bajo el cielo, cuando Marc preguntó: ¿Me querrían contar toda la historia completa de ustedes? Sólo sé del resultado y algunas fechas, pero no las razones que hay tras de todo. Este niño puede ser tan inocente, pensó Peter, pero se dio cuenta de lo divertido de todo. Me parece que has aprendido en la clase de historia que las fechas y los resultados son la única cosa que vale la pena recordar, pero el cómo se llegó a eso es algo ya largo tiempo olvidado. Marco dijo: esto no es la clase de historia, ¡es la realidad! ¡Aquí y ahora! ¡Díganmelo! y dio un golpe en las costillas de Peter. ¡No! ¡tú también tienes esa maña! gritó Peter y cogió el puño de Marc. Bertrand se rió. ¡Marc, estás infringiendo mis derechos de marca! ¡Ese golpe en las costillas de Peter es mi marca registrada! Se rieron. ¿en serio? ¿así como esto? y golpeó de nuevo a Peter justo después que tuvo su mano libre. Peter hizo como si fuera un boxeador con Marc, que no pudo evitar la risa. Bertrand le explicó cómo él solía golpear ese mismo punto del costado de Peter. Marc se puso serio de nuevo, se detuvo, y se movió al otro lado y dijo: Tengo una solución para ese problema. Presentaré una petición para este otro lado. Y golpeó la costilla izquierda de Peter. Peter puso cara de crucificado, pero igual no pudo evitar la risa.

Después de un rato, Marc repitió su petición. Peter recordó lo que la Dra Brown le había pedido. Le dijo. Eso fue hace mucho tiempo. Ya lo he olvidado. ¿Y tú, Bertrand? Yo también, dijo el otro castrato. hace muchas semanas, y perezosamente cerró sus ojos, dando cara al sol.

Pero Marc era demasiado porfiado para rendirse. ¡Hey! ¡ustedes dos! ¡realmente necesito saberlo! ¡vamos, díganmelo! Peter suspiró. Eres como la prensa roja, siempre tras los extremos y las cosas violentas. ¿Qué tiene eso de divertido? Pero la cara de Marc realmente no se veía muy divertida. Esperaba que me ayudarían con eso. Por lo menos denme algunas indicaciones, quizá algunas instrucciones, algunas buenas ideas.

Peter se quedó sin habla. ¡de nuevo! ¡otro niño que quería seguirlo! Tuvo de nuevo una visión de todos los problemas que surgían. La tremenda carga psicológica, el trabajo sucio, las preocupaciones, el cuestionamiento del psiquiatra que lo acusaba, incluso quizá un procesamiento. ¿Cómo podría tratarse ese asunto? ¿Acabarían todos ellos por ir a parar a la cárcel, a la casa de locos, o simplemente a la calle? Peter se había asombrado cuando Bertrand repentinamente estuvo tan firmemente convencido de que tenía que seguirlo, ¡pero ahora toda la historia empezaba de nuevo!

Bertrand interrumpió el tenso silencio. Peter, creo que podemos decírselo. Peter no estaba convencido, pero cedió. Muy bien, muy bien, dile cómo los dos pequeños niños locos se convirtieron a sí mismos en fenómenos, que quizá eso le evite el hacer la misma cosa. Marc miró aproblemado, pero Bertrand destruyó el efecto, muerto de la risa. Cuando se recuperó, le explicó a Marc que los reales sentimientos de Peter eran algo diferentes. Marc se veía bastante confundido. Finalmente Peter aceptó reticente su parte y dejó que Marc supiera que en realidad estaba muy feliz como castrato, y que intentaba hacer lo mejor de su vida como tal. Marc se puso en onda y pidió: ¡pero dime cómo lo hiciste! ¡Eso ya está decidido! ¡el COMO es lo que quiero saber! Peter estaba sorprendido por la súbita revelación. ¿de modo que te has estado juntando con nosotros sólo para conseguir información acerca de la castración? Marc buscó las palabras adecuadas. Bueno, no es la única razón. Yo quería hacerme amigo de ustedes desde hace algún tiempo. Pero es verdad, cuando los seguí hasta este lugar no fue por puro turistear. Bertrand le propuso decir primero su historia. Peter estuvo contento de eso, puesto que le daba más tiempo para pensar cómo debería comportarse en esta situación. Después de todo, sólo conocía a Marc desde hacía pocas semanas. Sería muy diferente si hubieran sido amigos desde largo tiempo. Bertrand se sentó en el pasto y comenzó su historia. Busqué mucho la manera más rápida de hacerlo. Tú sabes, la más rápida, la mejor. Duele menos. De modo que recordé la tradición de mis viejos ancestros franceses, que tú sabes eran muy humanos, y sabían cómo decapitar a los reyes y a los intelectuales de modo rápido y limpio. Encontré una vieja y oxidada guillotina de mi abuelo… No pudo terminar porque Peter estalló en incontrolable risa, y Bertrand no pudo evitar el unírsele. Marc se veía furioso. El dijo: Peter, eres más serio que este payaso. Dime cómo lo hiciste.

Peter puso cara seria y empezó: Sí, a mi querido amigo Bertrand le gusta bromear con su ancestro francés. Pero en un punto tiene razón, es bueno hacerlo rápidamente. Y un entorno amistoso ayuda mucho a sobrellevar el dolor. El enfriamiento también ayuda. De modo que yo tomé una corta cuerda, hice un pequeño lazo en ella, lo coloqué en torno de eso, tú sabes dónde. Luego me subí a ese árbol, y fijé la otra punta de la cuerda a la rama. Luego, salté. Rápido, garantizado, y salí del agua lavado y listo. ¡Ouch! Marc había enterrado su huesudo puño entre las costillas de Peter… pero los tres se rieron.

De nuevo Marc timó la iniciativa. Ahora me has dicho tus fantasías. Pero me pediste que no mezclara las fantasías con la verdad, de modo que ¿podría pedirte que me dijeras la verdad ahora? Bertrand se sonrió. Peter, ¿se lo diremos? ¿por qué no? respondió Peter. aún cuando en un cine esto sería sólo para adultos. De modo que, empezó Bertrand, cuando decidí que quería ser un castrato, busqué mucho el modo más seguro, limpio, y rápido. ¡NO OTRA VEZ! interrumpió Marc. Pero Bertrand se rió. No ¡esta es la verdad! Hallé un doctor, que me ató a mi propia cama, cortó dos agujeros en mi bolsa, sacó esas cosas, raspó todo y puso pegamento de cianoacrilato en la piel para juntarla de nuevo. ¡Ouch! ¡ouch! ¡Peter, ayúdame! Riendo, salvó a su amigo reteniendo a Marc que estaba golpeando a Bertrand como condenado.

¡Deja que hablen los puños, porque los cerebros ya no tienen palabras! dijo Peter. Marc. ¡esta vez Bertrand está diciendo la verdad! ¡por lo menos muy cercana! Bertrand se estaba sobando su maltratado pecho. Eres como un boxeador, Marc. Pero realmente, esa es la verdad, pura y simple. Si no me crees, es problema tuyo. Pero mira. Y separando sus piernas, se echó hacia atrás y dejó que Marc viera las cicatrices desde cerca. Marc miró con interés científico. Obviamente las cicatrices están allí, pero no puedo creer que un doctor lo haya hecho en tu casa, y amarrándote a la cama. ¡Y encolarte! ¡Los doctores usan suturas! Bertrand sonrió. Todo eso depende del tipo de doctor, Marc. No todos tienen acceso a un hospital. Marc se sentó en silencio un momento, y luego miró a Peter, con cara de interrogación. Peter asintió silenciosamente. Marc tragó saliva. ¿está todavía disponible ese doctor? preguntó. El ya no quiere hacer más ese trabajo, replicó Peter. Sentía un nudo en la garganta.

Inamovible, Marc se volvió a Bertrand. ¿duele mucho? preguntó. ¡Y no te atrevas a decirme que no! Bertrand se rió. ¡claro que duele! ¡Tanto como el golpe que me diste! Y de nuevo tuvo a Marc sobre él, pero esta vez ya estaba en guardia, y lo tiró mientras sostenía sus puños. Realmente duele bastante, Marc. Necesita mucha concentración para evitar el gritar. Te hace sentir como si fueras a vomitar, junto con que te quemas, te cortan y te tironean… no tiene nada de bonito. Pero no dura mucho tiempo. Unos pocos minutos después que está terminado el peor dolor ya se ha ido. Pero como ves, he sobrevivido bastante bien, y aquí estoy, más feliz que antes. ¡Y mi voz está a salvo!

Los tres se sentaron, mirando por sobre la amplia superficie del agua. El sol estaba bastante bajo ya. Peter habló, con voz enronquecida. Bertrand, yo siempre he pensado en ese domingo en que estuviste fantástico. Incluso me dijiste esa mañana que ya no dolía más. Bertrand sonrió. Fuiste muy amable conmigo, yo tampoco quería que tu sufrieras. Y realmente, me sentí mejor esa mañana. El día antes había tenido mucho dolor, y la noche del sábado al domingo no pude dormir, por el dolor y la fiebre. Debo haberme quedado dormido ya muy de mañana. Es por eso que dormí hasta la hora del almuerzo. Realmente aún me dolía después cuando canté El Mesías el jueves. La boca de Peter estaba reseca. Debías habérmelo dicho, le dijo, y oprimió la mano de su amigo.

Debemos volver a casa, o se nos hará oscuro. Bertrand no quería preocupar a sus padres por regresar demasiado tarde. Pero Marc aún no estaba conforme. Peter, ¿puedes rectificar tu enrevesada historia antes de hacer rugir los motores turbo de nuestras bicicletas apague tu fina voz? ¡Qué manera la de este niño para decir las cosas simples! Peter quiso reirse, pero se contuvo. Yo me puse un apriete de una docena de bandas de elástico. Duele por dos días, fue incómodo durante seis semanas, y la piel debajo de los elásticos me dolía todo el tiempo. Después de ese tiempo se desprendió, y me hizo perder un par de calzoncillos, que se ensangrentó demasiado para lavarlo. No puedo recomendarlo, aún cuando funciona. Marc sintió que tenía el derecho de investigar, y echó una mirada más de cerca a la entrepierna de Peter. En realidad la de Bertrand se ve mejor, dijo. Por de pronto, mi tio usaba esa técnica del bandeo en sus ovejas. Tenía una herramienta especial para eso. Pero no siguió porque le daba demasiados problemas. Algunas ovejas dejaban de comer y se morían. Tú sabes, las ovejas no siempre son muy brillantes. Sonrió. ¿Y cómo lo hace ahora? preguntó Peter. Compró otra herramienta, una especie de alicate. Sólo se aplica presión por un momento en cada lado, y la oveja está lista. Y regresa a comer antes de una hora. Debe doler bastante menos. Un Burdizzo, dijo Peter en voz baja. Marc asintió.

Dejaron sus pensamientos, y se vistieron, mientras el sol poniente los bañaba con los su última luz rojo sangre. Luego los tres corrieron de regreso por la tarde, sintiéndose más fuertemente unidos que nunca.

***

Los ensayos del coro ya no eran aburridos. Cada uno empezaba con unos pocos minutos de ejercicios de vocalización, lo suficiente para calentarse y afinarse, y luego empezaba el trabajo con la música de Schütz. El anciano profesor tenía una verdadera habilidad para Schütz, de modo que mucho ya estaba aclarado, pero él sabía cómo transmitir esto a sus cantantes, de modo que ellos sentían que toda otra música era inferior a ésta, salvo quizá la de Bach. El año anterior ellos habían hecho las grabaciones de los Pequeños Conciertos Sacros, pero eso había sido un esfuerzo de los solistas, involucrando sólo a unos diez o doce niños. ¡Ahora era un Schülz para todo el coro! Peter tenía su lugar como solista, en tanto que Bertrand, Jimmy y los otros dos cantaban las partes favoritas de soprano. Marc, por supuesto, había conseguido los solos de contralto, y el trío ahora de séptimo grado, en las filas de contralto cantaba los favoritos de contralto. Todos los solistas tenores venían del último grado, y curiosamente el trabajo no tenía solos para bajos. ¡Pero el favorito de bajos incluia a Robert! El había progresado rápidamente. Seguramente llegaría a ser de nuevo un real solista el próximo año, o quizá incluso más tarde este año.

La señora se estaba poniendo senil. Ella a menudo se olvidaba de lo que tenía que enseñar, pero después de todo, ella sólo enseñaba dibujo, lo que no era muy difícil. Los niños trataban de ser amables en su clase. Después de todo, ella era una amable dama anciana, y no hacía nada malo siempre que los niños estuvieran tranquilos, ordenados y adecuadamente compuestos. ¡Que no cuelgue ninguna camisa por sobre el pantalón! Compórtate y ella también lo hará.

¿Qué hizo que Peter pensara en todos esos profesores ahora? ¿Acerca del de matemáticas, del tirano de la clase de deportes, del profesor de ciencias naturales que siempre estaba haciendo chistes, del siempre correcto y tieso profesor de inglés? No tenía idea, pero de algún modo llegó a la conclusión de que su vida estaba muy bien ahora. Sus padres habían llegado a la situación por la que habían trabajado, la escuela era agradable, a veces hasta placentera, salvo por supuesto lo de la clase de deportes bajo ese bastardo. Se había hecho de buenos amigos, de una buena comprensión con el más importante profesor de todos, el Sr. Holtmann, y sí, tenía esperándole el futuro más brillante que el de nadie más. Y él sabía los caminos de su futuro, algo que pocos niños de su edad sabían.

¡Se despertó de su ensoñación justo a tiempo para cantar ese solo con el coro! Eso estaba cerrado. ¡Pero qué grandiosa era la música de Schütz!.

Estaba viviendo una buena vida.

***

Aún estaba lo bastante cálido como para ir algunos días a nadar. Ahora los tres amigos pedaleaban juntos, en vez de juntarse en el lago. A menudo también pedaleaban a otros lugares, cuando el tiempo estaba más frío, rehaciendo todas aquellas rutas que Bertrand y Peter conocían, pero que eran nuevas para Marc. Ellos también les parecían nuevos a los dos, el notar cómo Marc iba descubriendo el campo. Ellos ahora casi parecían padres para este niño, a pesar de la pequeña diferencia de edad.

Este día fueron de nuevo al lago, puesto que el tiempo estaba realmente cálido. Quizá era uno de los últimos días cálidos antes que llegara el invierno. ¡No era un dia para perderlo lejos del lago!

Llegaron e hicieron la habitual rutina de desvestirse, saltar desde la rama del árbol al lago y nadar adentrándose en él. Sólo que ahora Bertrand había aprendido la técnica, y su cuerpo más proporcionado se veía aún mejor que el de Marc, mientras describía ese arco que terminaba en el agua, sin salpicar más que unas pocas gotas. Sólo Peter tenía problemas de balance. Para evitar el caerse antes de llegar al extremo de la rama, corría muy rápido y no podía hacer un salto elegante. Pero también estaba mejorando.

Estaban absorbiendo el sol como de costumbre, cuando Marc se levantó y dijo: Les mostraré un juguete que me traje. Fue hacia su bicicleta, desató un pequeño bolso que había traído consigo, y volvió con él. Miren, dijo, mientras levantaba una extraña herramienta. El corazón de Peter se detuvo un momento al verla. El sólo había visto tal cosa en Internet. Su callada esperanza era que Marc hubiera olvidado su fijación. Pero no era así. Marc dijo simplemente. Este el Burdizzo que mi tio usa en sus ovejas. Estuve en su rancho el pasado fin de semana, lo encontré y lo guardé aparte, El no lo echará de menos hasta la próxima primavera, de modo que le puedo dar algo de trabajo. Algo de más mérito que sólo esas estúpidas ovejas.

Bertrand extendió su brazo abriendo su mano. Marc le entregó la herramienta. Pesada, dijo Bertrand, mirándola más de cerca. Debe ser fuerte. Hacen con ella varios centenares de ovejas cada vez, y esos muchachos aprietan muy fuerte. Marc parecía saber esas cosas. ¿Has visto usarla? preguntó Bertrand. Marc se rió. Por supuesto. Puede que yo no sea un muchacho de granja, pero a menudo me paso algunos días en la de mi tio. También hay un lago, y un trampolín de verdad para saltar, y no sólo un árbol como aquí. Bertrand aún estaba examinando la herramienta. ¿La has usado tú mismo alguna vez? No, sólo lo he intentado. Duele mucho. Necesito ayuda para ello. Peter se sentía sin fuerzas, y vio a Bertrand abrir la boca y cerrarla de nuevo para decir. No quería decir en ti mismo, sino en las ovejas. No, nunca la he usado en una oveja. Sólo he visto usarla.

Bertrand abrió la herramienta. Puso su dedo pequeño en la abertura. No calzaba ajustada, sino que pudo cerrar la herramienta bastante sobre él. Aplicó una ligera presión. y su dedo se puso blanco. A Arquímedes le habría encantado esta cosa, dijo. Un bello sistema de palancas. Se la pasó a Peter, que repitió el ensayo. ¡Ouch! Sólo un poco de presión en la manilla podría triturar su dedo. ¿Realmente intentas usarla en ti mismo? preguntó. Ya lo intenté ayer por la tarde, pero de algún modo yo realmente no pude cerrarla. Traté, traté pero mi mano no me obedece en cuanto empieza a doler un poco. Los ojos pardos de Marc se veían más húmedos que lo normal. ¡Ayúdenme! suplicó.

Peter se forzó as ser razonable. Marc, ¿estás completamente seguro? Después de todo tienes voz de contralto. Como castrato tendrías que competir contra cientos de contratenores, y muchas personas ni siquiera notarían la diferencia. Marc se rió fuertemente. ¡Peter, déjate de tratar de salvarme! ¡Yo sé lo que quiero! ¡Y no pienses siquiera por un momento que esos falsetistas podrían competir con un verdadero contralto! Ellos cantan como ovejas, ¡pobres tipos! ¡Desagradable! ¿o es que te gustan? Miró a Peter a los ojos. No, salvo por unos pocos, no me gustan. Tú suenas mucho mejor. Peter volvió a mirar. Marc la devolvió. Y esos pocos que te gustan, estoy convencido que en realidad son castrados. Probablemente castrados naturales. Algún desorden endocrino.

Después de un rato, Bertrand de nuevo tomó la herramienta. Mirándola, abriéndola y cerrándola contempló la ligera forma de las mordazas. No se veía muy simple. Marc, ¿cómo se usa esta cosa? preguntó. Marc tomó la herramienta, levantó la cabeza y explicó. Debes poner el cordón de uno de los testículos en las mordazas de la herramienta. Así. Y él masajeó su propio escroto un poco, cogió entre dos de sus dedos el cordón, y aplicó la herramienta. Ya ves, ahora sólo es cuestión de apretar fuerte por unos treinta segundos, y listo. La herramienta sujeta el cordón mientras lo sella. Bertrand se acercó mientras miraba. Palpó el cordón en el escroto de su amigo. Esto debería realmente ser muy fácil, dijo. Y cogió la herramienta ¡cerrando rápidamente la manilla! Al mismo tiempo se sentó en las piernas de Marc, y apretó su mano libre en la boca del niño, en un vano intento de acallar el terrible alarido que escapó. Luego Marc respiró pesadamente, se convulsionó, y cerró sus ojos. Bertrand lentamente contó hasta treinta, en tanto que Peter decidía tomar parte en sujetar las temblorosas manos de Marc a distancia segura. Eso era tremendo. Realmente horrible.

La cuenta estaba ya completa, Bertrand soltó la herramienta. La marca roja en la piel de Marc señalaba el lugar donde había mordido la herramienta. Peter se aproximó para palpar la marca. Pero en cuando la tocó, Marc chilló de nuevo. Sus ojos aún estaban cerrados. Ahora respiraba ligeramente. Preocupado, Peter le tomó el pulso. Estaba agitado y era intenso. Bertrand cuchicheó al oído de Marc. ¿Todavía está demasiado malo? Después de un rato, Marc abrió sus ojos, húmedos y brillantes. Gracias, Bertrand. Tienes razón, lo más rápido es lo mejor. Vamos con la otra. Así podré devolver la herramienta. Trató de sonreír, pero solo pudo hacer una mueca desesperada. Marc. ¿realmente te sientes como para hacer el otro lado ahora? ¡Sí, porque si lo posponemos, puede que no quiera nunca volverlo a sentir! ¡vamos! ¡ahora! Y con sus manos temblorosas palpó el otro cordón aún intacto, y lo colocó entre dos capas de piel. Bertrand aplicó la herramienta. Marc cerró sus ojos y apretó sus dientes. Peter cogió de nuevo las manos de Marc y las sujetó firmemente, como si tratara de reconfortar al pobre niño. Luego Bertrand cerró la herramienta por segunda vez y Marc de nuevo se estremeció retorciéndose sin emitir sonido alguno. Su piel estaba sudorosa. Cuando la cuenta de Bertrand hubo llegado a veintidós, repentinamente Marc se sacudió violentamente y vomitó una gran cantidad. Luego tosió sin poder sujetar las lágrimas, en tanto que Bertrand terminaba su cuenta y retiraba la herramienta. Sólo dos veces treinta segundos de sufrimiento, pero ¡qué intensos! Dejaron que el niño se relajara, son Peter aún sosteniendo sus manos.

Cuando Marc abrió de nuevo sus ojos, después de un largo rato, lo primero que dijo fue, ¡pobres ovejas! ¡Esos muchachos de la granja dijeron que no les dolía! Luego de una pausa, ¿puedes ayudarme a llegar al agua? me siento aún muy débil. Peter y Bertrand levantaron a Marc sobre sus pies. El niño aún estaba tembloroso, y ellos lo llevaron, más bien que lo ayudaron a llegar al agua. Entonces el primero puso un poco de agua fría sobre su escroto, y luego sobre su barriga, y luego le lavó la cara mientras el otro aún lo sujetaba. Déjenme sentarme, les dijo. Ellos lentamente lo bajaron al agua, que le cubrió hasta el pecho. ¡Ahhh! ¡así se siente mejor! sonrió. Lentamente se echó hacia atrás, sumergió la cabeza, se levantó de nuevo, y se enjuagó la boca. Duele como todos los infiernos en el momento. Pero ahora ya es mucho menos que cuando la herramienta está apretando.

Marc se quedó allí, sentado en el agua poco profunda, por un largo rato. Sólo entonces dijo, ahora está mucho mejor. ¿pueden ayudarme a pararme? Silenciosamente ambos lo levantaron. De a poco, con las pierna separadas, Marc caminó fuera del agua, guiado por sus amigos. Se sentó, y se tendió de espalda. Ambos miraron el lugar de la acción. El escroto se había encogido en el agua fría, y las pequeñas marcas rojas apenas se veían.

Gracias de nuevo, muchachos, repitió Marc. lo han hecho más rápido de lo que yo esperaba. Creí que tendría que suplicarles por semanas o meses. Realmente, muchísimas gracias. Tenía sus manos en su ingle, comprimiendo suavemente el sitio amagado.

Estoy preocupado acerca de algo, dijo Peter. Habia estado pensando en este problema desde el comienzo de los hechos. ¿Cómo harás para volver a casa? Marc replicó, Por supuesto en mi bicicleta. ¿o es que quieres que llame un OVNI para que me recoja? ¿y puedes manejar tu bicicleta ahora? preguntó Bertrand. Dame una hora y veremos. Me estoy sientiendo mejor cada vez. Creo que podré.

En realidad, por la siguiente hora, el comportamiento de Marc, el color de su cara y labia estaban volviendo bastante a lo normal. Por supuesto, aun le dolía, pero con cuidado y las piernas separadas podría hacer el viaje. De todos modos no tenía opción… pero antes de que lo dejaran cerca de su casa, se prometió no tratar de usar su bicicleta de nuevo por lo menos por varios días.

***

A la primera oportunidad que tuvo Peter de hablar privadamente con Marc al día siguiente, le preguntó la pregunta obvia. ¡estoy perfecto! fue la respuesta de Marc. Realmente ahora ya no me duele, y sólo tengo una extraña sensación allí. Como si algo me faltara… sonrió. Y una extraña sensación en todo el entorno, incluso en mis piernas. Pero no me duele a menos que yo apriete, estire o golpee allí. El estaba caminando lentamente en torno al patio de la escuela.

¿Puedes sentir algo de tus bolas? preguntó Peter. Marc se rió. Con mis dedos, sí, están allí… ¿pero de otro modo? No… o sí. Las siento todo el tiempo, pero no realmente. Si las comprimo, no siento nada de eso. Debe ser así, supongo… Era extraño, Marc había llegado a ser otro muchacho desde el día anterior. Tan pensativo… pero, bueno, ¡él tenía una buena razón ! Peter sonrió. Por lo menos no estaba con grandes dolores.

Después del ensayo del coro, en que ocuparon la mayor parte del tiempo en la obra de Schütz, el profesor le pidió a Peter, Bertrand y Marc que se quedaran un momento. ¡Raro! Peter vió que los otros lo miraban. ¿Habría el anciano descubierto su secreto, de que Peter ya no era el único? La pregunta también estaba en sus caras. O… Peter ni siquiera quería pensarlo. ¿Acaso Marc se lo habría ya dicho a alguien?

Pronto se levantó el velo. Niños, hay una oportunidad de presentarse muy pronto en la catedral. Se desea un concierto mixto, en homenaje a Bach. Algo de música de órgano, y luego una cantata. Ya he hablado con el Sr. Furnetti, y sus ejecutantes pueden hacerlo fácilmente. Pero no hay tiempo para hacer que el coro se aprenda las partes largas, de modo que he escogido esta cantata. Abrió una carpeta con viejas hojas de música. Debe haberlas usado mucho, pensó Peter, a juzgar por el estado del papel. Sólo tiene dos corales sencillos, en tanto que el resto es para solistas. Dos sopranos y un contralto. Por eso los tengo aquí. Ahora ustedes son los más capacitados, pero no se pongan engreidos. El profesor sonrió. Peter, tú tomarás la parte más difícil. Más de la mitad de la cantata será tuya. ¿Puedes aprenderte esta partitura y cantarla en tres semanas más en la catedral? Yo creo que sí. Los ojos se Peter se iluminaron. ¿Puedo verla? El Sr. Holtmann se la pasó. Peter la miró exhaustivamente. Primero, era un sencillo y típico coral de Bach, luego un recitativo de soprano, que parecía bastante fácil. Luego, ¡ay! ¡un aria de soprano muy adornada, llena de saltos en grandes intervalos, y que subía hasta el rango más alto! Le llamó la atención a Peter una cantidad de notas escritas al margen. Sr. Holtmann, ¿esto quiere decir que yo no puedo agraciarla a mi manera? Eso creo, Peter. Bach a menudo escribía todos los adornos, de modo de evitar que los cantantes no entrenados lo adornaran de modo equivocado y destruyeran la melodía. ¡Después de todo, él tenía niños cantores inexpertos para las voces altas! Peter se rió, y siguió leyendo la partitura. Esto era para Marc. Un bella aria lenta, para contralto. Luego otra aria de soprano, pero no tan virtuosa como la primera. Requeriría una cuidadosa expresión para cautivar al público. Luego, un recitativo y un aria de tenor. Sr. Holtmann ¿quién cantará esta parte? Debería ser Bill. Es nuestro mejor tenor. Los tres niños suspiraron. El profesor se rió suavemente. Yo sé que este muchacho tiene un carácter muy difícil, pero canta muy bien. También lo sabemos, Sr. Holtmann, dijo Bertrand. Lo sabemos casi demasiado bien. Eso hizo que el anciano se riera estrepitosamente. Luego dijo, Lo mantendré bajo control. no se preocupen. No hay oportunidad para que ustedes y él canten juntos, de modo que todo irá bien. Todavía es bastante malo, dijo Peter, y continuó leyendo la partitura. Pero rápidamente se puso contento. ¡Aquí hay una oportunidad de hacer que Bill quede chico frente al público! ¡Hay un maravilloso duo de sopranos! ¡Junto con Bertrand, él le haría bajar los humos a ese muchacho! ¡Mira, Bertrand! le dijo y se acercó a su amigo. Marc también se inclinó sobre la partitura, y buscaron el duo y los corales del cierre. El profesor sonreia calurosamente, sin que nadie lo viera.

***

Pronto Marc estuvo en condiciones de reanudar el pedaleo. Había echado mucho de menos esos paseos con sus nuevos amigos. De modo que cuando anunció que ya podía de nuevo salir en la bicicleta sin mayor incomodidad, los tres encontraron tiempo entre todos los ensayos de coro y sesiones adicionales de Bach para continuar conquistando todo el ancho mundo. Se estaba poniendo frío, de modo que el lago ya no se veia muy atractivo. En lugar de eso se iban a los cerros, a un lugar en un riachuelo del bosque que habían hallado, o sólo pedaleaban a lo largo del camino del campo y se maravillaban de todas esas cosas que sólo se ven cuando se camina o se anda en bicicleta, en tanto que los autos los pasaban velozmente.

Estaban sentados en un árbol caido, al final de un estrecho sendero del bosque que justo no seguía más adelante. Quién sabría por qué terminaba allí. Quizá porque después que el árbol cayera atravesado, todos llegaban sólo hasta este lugar, de modo que al otro lado el sendero se cerró con los años. Peter gozaba del aire fresco y perfumado del bosque, la calma, la silenciosa presencia de sus amigos, del escuchar el canto de los pájaros, cuando Bertrand preguntó. Marc, ¿ya han desaparecido? Marc siempre era rápido para reaccionar, y antes que Peter entendiera la pregunta, el niño respondió. No del todo, todavía están allí, como siempre, sólo que ya no las siento. Bertrand estaba preocupado. ¿Estás seguro que están muertas? Quizá no lo hicimos correctamente, cortamos sólo los nervios, y no eres realmente un castrato todavía. ¡Sólo imaginate que tu voz se quebrara ahora! Pero Marc se rió abiertamente. ¡Si ellas sobreviven a ESE tratamiento que les diste, merecen vivir! Pero realmente, no creo que lo hagan. Déjame ver, pidió Bertrand.

Peter miró en silencio mientras el joven niño se bajaba los pantalones. No tenía sentido el desvestirse completamente desde aquel notable día en la playa dos semanas antes. Las bolas de Marc se veían más pequeñas que lo que recordaba, y el saco estaba algo encogido, pero eso podría haber sido por la sudorosa pedaleada. Sin embargo Bertrand parecía tener la misma idea. Se han encogido bastante. ¿Puedo palparlas? Por supuesto, incluso puedes apretarlas si quieres. No siento nada abajo, salvo en la piel. Marc sonrió.

Bertrand cuidadosamente palpó alrededor, y luego dijo. Parece estar perfecto. No puedo sentir ni un resto de los cordones. Ahora Peter ya no pudo resistir más. ¿Puedo? preguntó. ¡Todo tuyo! rió Marc. Peter palpó el principal remanente de Marc. En realidad las bolas se sentían muy pequeñas y duras, y nada parecía juntarlas al abdomen. Cogió una con los dedos y las apretó. ¿Duele? Marc sólo se rió. ¡Nada! Peter apretó más fuerte, y más. Luego lo dejó. Trata con un cascanueces, dijo Marc. ¿Te convences ahora? Peter no respondió. En tanto que Marc se subía de nuevo el pantalón, Bertrand dijo, Sería interesante ver todavía si desaparecen completamente. Marc también tenía la respuesta. En las ovejas, desaparecen después de varias semanas. Y yo no soy muy diferente de una oveja. ¿estás de acuerdo? Y el lanzó su más fuerte balido de oveja, haciendo reir a los otros dos.

Tendremos que buscar un nombre para denominar a nuestro club. dijo pensativamente Bertrand. Peter escuchaba. He estado pensando también en un club. ¿Qué te parece "el club de los alto C"? Marc desaprobó. Eres muy egoísta, Peter. Yo nunca he sido capaz de alcanzar el C alto. El nombre debe ser bueno para todos nosotros, incluidos los contraltos. Bertrand se rió. Peter sólo ama las notas altas. ¿Cómo sería el G superior, Peter? ¿Aún puedes cantar eso? Por supuesto. respondió Peter, pero ahora cambió a su registro más bajo, más bajo que la voz normal para hablar de Marc. Eliminemos el "alto". Sólo debería ser el "C-Club". ¿Qué les parece? A Bertrand le gustó. Es una buena idea, de modo que todo el que escoja la C con la que esté más cómodo… pero espera, ¡C-Club es grandioso! ¡Puede aplicarse a Castrati Club! Ellos se rieron. Era una buena idea. Peter quería acortarla aún más. Podríamos llamarlo sólo C-C, simple y claro, por lo menos para nosotros. Marc giró los ojos, estiró la boca y preguntó, CC va con Crazy Children, ¿no es así? Nuevas risas. "Cortadores Conspirdores", saltó Peter. "Culpables Clínicos", agregó Bertrand. Marc también sugirió suavemente "Castos Cortados" lo cual no era tan bonito, aunque fuera cierto. Pero sería "C-C".

***

El lunes siguiente debería haber habido ensayo de coro dedicado principalmente a los corales de Bach. Pero no sería así. Los niños se reunieron en la sala mientras entraba el Sr. Holtmann con la cara completamente pálida. Peter lo vio de lejos. Algo andaba realmente mal. Se detuvo la charla, en tanto que el amado profesor se sentaba al piano, pero no lo abrió como siempre solía hacerlo en cuando entraba. Dijo lentamente, con voz temblorosa. "nuestro ensayo de hoy está cancelado. En su lugar tendremos una charla. Llevó el piso del piano hasta el centro de la sala y pidió a los niños que se sentaran alrededor. Todos se sentaron, y los ojos del profesor se pasearon por sus cantantes. Peter sabía que este anciano hombre estaba solo en el mundo. No tenía a nadie más cercano que los niños del coro, y quizá unos pocos amigos. Pero él nunca había hecho esto. Y el profesor realmente se veía destrozado.

¿Sabe alguien de ustedes lo que le pasó a Jimmy? preguntó. Thomas tomó la palabra. Su mamá envió una carta esta mañana diciendo que estaba enfermo. Peter miró alrededor. En realidad Jimmy no estaba allí. No se había dado cuenta antes. El profesor habló de nuevo. Sí, en realidad está muy enfermo. Está en la Unidad de Cuidado Intensivo del hospital. En torno las caras se mostraron choqueadas. Apenas capaz de sacar la voz, el profesor agregó. Los doctores temen por su vida. Las siguientes 24 horas son críticas.

Profundo silencio. Silencio que se podía palpar. ¿Qué le pasa? preguntó alguien. El profesor apenas podía hallar fuerzas para continuar. Pero hizo un esfuerzo y explicó. Fue hallado inconsciente, en un charco de sangre, en el piso de la cocina. Castrado. La policía no halló rastros de nadie que pudiera haberlo hecho. Dicen que Jimmy debe haberse castrado a si mismo.

Peter hubiera querido ser sólo una pequeña rata en una esquina, o mejor, no ser nada. ¡Cómo pudo Jimmy haberlo hecho de ese modo! Pero sus compañeros estaban tan choqueados como él. Vió caras pálidas, ojos abiertos desorbitados, que expresaban todo desde el shock hasta la incredulidad. El profesor lloraba en silencio. Luego con voz cortada, dijo. Esperemos que lo haya hecho él. Lo que hizo fue terrible para él, pero el perderlo… No pudo terminar. Las lágrimas lo sobrepasaron.

Peter estuvo tentado de salir adelante a reconfortar al profesor. Pero en esta situación él no podía. Después de todo, si alguien era responsable, era él. Ninguno de los niños se atrevió a decir una palabra, hasta que el anciano habló de nuevo. Debemos discutir claramente algunas cosas ahora. Ahora ya no tiene sentido jugar más a este juego de las escondidas. Ustedes saben que vuestro amigo Peter, aquí presente, hizo lo mismo hace un año, sólo que él tuvo más suerte y no tuvo complicaciones. Peter se ruborizó como nunca antes lo hubiera hecho. Todos lo ojos estaban puestos en él, salvo los de los pocos que él sabía. De modo que eso era. El juego de las escondidas estaba terminado, como había dicho el profesor. Ahora el ya no era más un niño del coro, sino que ahora era oficialmente un castrato. Podía sostenerlo, sólo que la revelación había sido un poco brusca.

Bertrand se paró de su asiento, caminó hacia Peter, y dijo firmemente, Sr. Holtmann, Yo hice lo mismo. Yo también soy un castrato. Siento no habérselo dicho antes; no lo creí necesario. Pero el juego de las escondidas ha terminado. Tomando esto como una contraseña, Marc se levantó cuan largo era de su silla, se acercó también a Peter, parándose al otro lado, y declaró: yo también soy miembro del club, señor Holtmann. No más juegos de escondites.

El profesor se había puesto cada vez más sombrío dentro de su palidez. ¿También tu, Marc? preguntó incrédulo. Lo sospeché de Bertrand, puesto que su voz no parece querer quebrarse, ¿pero tú? ¿estás seguro? Marc rompió a reir, pero rápidamente la reprimió, diciendo. Lo siento, Sr. Holtmann. Realmente el día no está para risas, teniendo esas noticias acerca de Jimmy. Pero estoy seguro que también soy un castrato. Muy seguro.

Los otros niños miraban de uno a otro castrato. Sus caras expresaban temor, angustia, respeto, curiosidad, esperanza, ¡tantas cosas! Peter deseó de nuevo tener una pequeña e invisible cámara fotográfica. ¡esas caras!

El profesor preguntó. ¿hay algún otro en esa situación? Todos miraron a su alrededor. Nadie se ofreció. El profesor continuó. ¿Alguno ha pensado o soñado algo acerca de castrarse? Se habría podido oir la caida de un cabello. Luego, lentamente, una mano se levantó, luego otra, y otra. Al ver esto, aparecieron tímidas sonrisas y más manos se levantaron. El profesor miró asombrado. Incluso Peter, que sabía tan bien cuán fuertes podían ser tales sentimientos entre los niños del coro, no esperó tanta honestidad para mostrarse. Sólo algunos de los de sexto grado, y muchos de los de quinto grado no levantaron sus manos. Probablemente eran demasiado jóvenes para pensar en ello, pensó Peter.

Déjenme decirles algo, dijo el profesor. ¡Están completamente locos! ¡No tienen la menor idea de lo que pierden, y cualquiera que de algún modo intente hacer esto, como estos tres locos que aquí, y el pobre Jimmy si sobrevive, arruinará su vida, y dependerá siempre del capricho del público para hallar su sustento! ¡No arruinen sus vidas, niños! ¡El cantar como soprano es algo muy bello, pero también necesitamos tenores y bajos! ¡Hablen de esto con sus padres, consigan ayuda de un psicólogo si es necesario, pero por favor, acepten que la pubertad es algo normal, incluso para los niños de coro! ¡Toda la vida es un cambio, no lo resistan!

Durante todo este apasionado discurso, algunos de los niños habían mantenido sus manos en alto. Uno tras otro, la fueron bajando. Pero el profesor continuó: ¡Espero que muchos de ustedes, héroes hayan estado soñando, y no hagan acto tan idiota. Pero para ayudarles a decidir he aquí mi promesa: de aquí en adelante, cualquiera que intente castrarse a si mismo, o que intente inducir a que otro se lo haga a él, será expulsado de este coro. Espero que esto sirva de disuasivo. La sesión ha terminado. Váyanse a sus casas y piénsenlo. Sean razonables. Mañana ensayaremos de nuevo. Y en voz muy baja, añadió: No se olviden de rezar por Jimmy.

Los niños se levantaron y se congregaron en torno al trio de castrados, atiborrándolos a preguntas. Después de un rato, el profesor dijo: ¡Hora de irse a casa, niños! ¡Déjenlos solos por ahora! Peter, Bertrand, Marc, por favor quédense. De modo que, después de todo, éste sería para un inesperado ensayo de los solos de Bach, ¿o qué? Lentamente los niños salieron del salón, y los tres castrados se quedaron.

Espero que me hayas dicho la verdad, preguntó el profesor. Si, dijo Marc. Por supuesto, agregó Peter. Bertrand sólo asintió con la cabeza. ¿Saben ustedes de algún otro niño que haya tomado esa determinación de mutilarse a si mismo, o que esté en riesgo de hacerlo? En tanto que Bertrand movía su cabeza, y Marc levantaba sus hombros mientras bajaba las comisuras de la boca, Peter habló. Yo no sé de nadie más que planee hacerlo, y no tenía idea acerca de las intenciones de Jimmy. Y acerca del "riesgo"… hizo una pausa, y miró al profesor a los ojos, Todos. ¡Es sólo tan lógico, tan fácil de hacerlo! Usted vio la reacción de todos acerca de los sueños. Estoy bien seguro, ¡todos han tenido sueños acerca de ello! El profesor puso cara triste. Parece que necesitamos terapia de grupo con un buen psiquiatra. Peter estuvo a punto de mencionar a la Dra. Brown, pero se contuvo. El profesor prosiguió: ¿De dónde sacó Jimmy esa idea? Yo se de muchos niños de coro que sueñan con la castración, y una brillante vida como cantante castrato. Después de todo, yo también fui un niño de coro, hace ya muchos años, y no era diferente entonces. Peter se sorprendió por esta revelación, cuando el profesor continuó. Pero nunca en mi vida oí hablar de nadie que realmente lo hubiera hecho. Tú eres el primero, Peter. Es obvio que tu mejor amigo te siguió, tomándote equivocadamente como su modelo. ¿Pero Marc? ¿cómo fue que te metiste en esto?

Marc miró al suelo. Quería que se lo tragara la tierra. Yo vi cómo Robert perdió su voz. Hablamos mucho acerca de que no quería sufrir la misma suerte. Y… un día Robert me dijo de la solución hallada por estos dos muchachos. Los miró agradecido. Los seguí, y les insistí, y conseguí de ellos… información. Peter estaba sudando frío.

Lentamente el profesor preguntó. ¿De modo que ellos dos te dijeron de la castración? ¡No! saltó Marc. ¡Realmente ellos trataron de disuadirme! ¡E insistieron! Pero yo estaba lo bastante decidido como para seguir. Y estoy contento de haberlo hecho. Sonrió, pero sólo un poco. El profesor movió lentamente su cabeza, e insistió. ¿Pero cómo Jimmy se metió en esto? ¿y por qué intentó hacerlo de ese modo? ¿No saben cómo lo hizo? De acuerdo a la policía, debe haber tomado un cuchillo de cocina, colocado sus testículos en la esquina de la mesa, y los cortó. Es increíble que él pudiera hacer esto. pero no hay otra explicación. Debe haber sucedido varias horas antes que lo hallaran, tendido bajo la mesa, con las partes amputadas sobre ella. Perdió mucha sangre, y tiene una mala infección.

Peter preguntó, ¿y qué dice Jimmy de si misno? ¿lo sabe usted? El profesor replicó. ¡Nadie lo sabe! ¡Aún no ha recobrado el conocimiento! ¡Marc! ¿qué te pasa? El niño se había hundido todo, todavía de pie, y estaba aún más blanco de lo que solía estar. Bertrand puso su brazo en torno a al cuello de Marc, sosteniéndolo. Marc estaba llorando. ¡Es mi culpa! dijo entre lágrimas. Hace meses, cuando aún no tenía idea que yo algún dia llegaria a ser un castrato, jugamos con la idea. Yo me divertí mucho contándole a Jimmy historias de castraciones que yo inventaba en el mismo momento. Le dije que si se corta lo bastante rápido, se puede hacer antes que empiece a doler. También le dije que apretando las piernas se detiene el sangrado, y varios otros cuentos. ¡él debe haberlo creido! Parecía casi como si hubiera un invisible agujero en el piso. Si Jimmy muere, yo tengo la culpa. ¡Cientos de millones de veces culpable!

Cuando finalmente el profesor los dejó irse, los tres amigos caminaron algunas cuadras juntos antes de separarse. Estuvieron de acuerdo que esta práctica tenía que terminar, o en realidad no dejarían tenores ni bajos para el coro. Y también la advertencia del Sr. Holtmann estaba allí. Pero Peter recordó sus previas confrontaciones con tales cuestiones. En lo más profundo de su ser, él sabía que si en el futuro otro niño quería mantener su voz… él sólo le ayudaría, sin importar el coro y sus consecuencias. ¡Caramba! ¡él podría haber salvado a Jimmy de tal penuria, y castrarse de modo más seguro, sólo si el niño se lo hubiera pedido!

Al atardecer, Peter tomó la guia telefónica y halló el número del servicio de información del hospital. Llamó, y con su voz más ejecutiva, preguntó por la condición de Jimmy Jansson. ¿Es usted algún miembro de la familia? preguntó la funcionaria. No realmente, sino uno de sus compañeros cantantes de coro. Somos una segunda familia, usted sabe. respondió. Lo siento, sólo puedo dar información a su familia. Realmente lo siento, pero esas son las reglas. Peter no se rindió tan fácilmente. Estoy muy preocupado por él. ¿No podría hacer una excepción? Sólo dígame, "mejor" o "peor" No estoy autorizada para decir nada, lo siento. Pero dígame, ¡cuál es su nombre? Peter Andrés. Conozco a la familia de Jimmy por varios años, hemos cantado música grandiosa junta. Por favor, haga una excepción y dígame, ¿sobrevivirá? Peter ya estaba próximo a las lágrimas. Mira, Peter, entiendo lo preocupado que estás. No estás solo en eso. Durante las últimas horas hemos recibido cuarenta llamadas de los niños. Probablemente todo el coro ha llamado. Y ellos me dijeron que todos ustedes saben la verdad. Te diré algo. La condición de Jimmy mejora, pero aún debe pasar por una cirugía menor mañana por la mañana, para limpiar el sitio de la infección. Podrá estar de regreso en la escuela en una semana a diez días. No te preocupes tanto. Estará bien. Peter tomó una respiración profunda. ¡Muchísimas gracias, verdaderamente!

Se fue a la cama de mejor ánimo del que había estado durante las pocas últimas horas. Incluso hasta cantó bajo la ducha. Una canción de esperanza, movida.

***

De algún modo, el ánimo entre los niños estuvo sombrío durante los siguientes días, aún cuando Jimmy estuviera afortunadamente recuperándose. Peter intentó conseguir permiso para visitarlo en el hospital, pero no hubo forma, aún cuando él ya había salido de la Unidad de Cuidado Intensivo a una sala de recuperación normal.

Había mucho ensayo que hacer. Los cantantes estaban listos, pero la orquesta contratada sólo estaría disponible para el último ensayo, y luego para el concierto. De modo que el profesor tocaba el extracto para piano durante las clases de coro, para entrenar a los niños para las entradas correctas.

Cuando llegó el último ensayo, Peter miró con admiración a los instrumentos. Este grupo era realmente un Collegium Musicum, tal como los de los tiempos de Bach, y tenían instrumentos bellísimos del período. Peter admiró la madera pulida, los instrumentos de bronce hechos a mano, esas extrañas flautas traversas de madera con sólo unas pocas palancas, los violines. Entonces los instrumentistas se calentaban, y Peter estaba encantado por ese sonido cálido y suave, por la afinación pura, y por una desacostumbrada ausencia de vibrato. ¡Esas personas no lo necesitaban! Se le hizo claro que él no tendría que cantar forte, porque tales instrumentos nunca lo sobrepasarían. Al mismo tiempo el coro tendría que cantar suavemente para evitar tapar los delicados instrumentos. El Sr Holtmann los había prevenido acerca de este hecho. Los instrumentos eran tan importantes como el canto, y tenía que conseguirse el delicado balance. Empezaron a trabajar, y tres horas más tarde todo estaba listo. Peter no estaba lo bastante satisfecho con su propio canto. Culpaba a la situación del pobre Jimmy, pensaba. Jimmy no tomaría parte en este concierto. Y él amaba tanto la música barroca, pobre niño. ¡Cómo pudo haber hecho él esa barbaridad!

Después del ensayo, le dijo a Bertrand y a Marc. Debemos hacer un encuentro del CC el sábado. En la casa del club. Ese era ahora su nombre código para el lugar junto al lago. Pero Bill lo alcanzó a oir y dijo burlón, ¿un encuentro de locas? ¡justo para ustedes! Peter sintió que se llenaba de rabia. Pero se controló, dando la espalda al desagradable muchacho de la inmerecida buena voz de tenor, y les dijo a sus amigos, demasiado bajo para que oyera Bill: tenemos que ver cómo conseguir que Jimmy vuelva a levantarse por si mismo. Lo necesitará.

***

Tarde en la catedral. Expectación. Multitud de gente. Peter entró por la puerta principal, y le entregaron un programa como a todos los demás. Se rió. La dama de la puerta no tenía idea de que él era uno de los participantes. De todos modos ¿por qué habría de saberlo? Su ropa de corista estaba esperándolo adentro… Echó una mirada al folleto. Johann Sebastian Bach, música de órgano. Varios interludios, piezas del Pequeño Libro de Organo, la inevitable gran Tocata y Fuga en D menor, varias otras obras. Ejecutante: el organista de la Catedral, un buen músico. Y en la segunda parte, su cantata. Ejecutantes, él y Bertrand, sopranos. ¡No voces blancas! Marc, contralto. Aquí no había cambio de nombre. Bill, el muchacho desagradable, tenor. El coro y el Collegium Musicum. El Sr. Holtmann. ¡Correcto!

Se sintió débil al leer el papel. Le volvió de nuevo esa odiada sensación en sus tripas. Había pasado demasiado tiempo ese día sentado en el trono, y no había sido capaz de comer gran cosa, Pero aún cuando él odiaba ese alocado problema, ahora ya estaba tan acostumbrado a él. Sería extraño el presentarse en público, en un verdadero gran concierto, sin ese preámbulo.

Se fue derecho a la sala adyacente a la gran nave de la catedral, donde generalmente se alistaban para tales conciertos. La mayoría de los miembros del coro ya estaban allí, y de los solistas él fue el último en llegar. El Sr. Holtmann estaba hablando con el organista; a través de la pared se podía oir al instrumentista calentándose. ¡Qué locura, había casi una hora de música de órgano antes!

La mente de Peter estaba con Jimmy. Ese niño se estaba perdiendo esto. Y ni siquiera se adivinaba cuánto lo afectaba a él. ¿estaría Peter en condiciones de cantar? ¡tenía que estarlo! ¡En honor a Jimmy, tenía que hacer que esta festiva música sonara grandiosa!

Oyó que el auditorio se calmaba. La música de órgano estaba por comenzar. El ejecutante había dejado la sala. Y entonces comenzaron esos poderosos sonidos que llenaban las paredes y el espacio. Escuchó admirado. Si no hubiera sido cantante, habría sido organista. ¡era lo que seguía de bueno! Le hizo una seña al profesor, y se deslizó fuera de la sala hacia la catedral. Allí encontró un lugar, donde nadie lo veía, aún en traje de calle, aún sin su traje de corista. Escuchó. El mundo mejoraba. Bach, el gran maestro del órgano, igual también en música vocal, resonando por toda el grandioso viejo salón. Sintió esos ligeros estremecimientos que le corrían por la espalda, sintió esas extrañas e indescriptibles sensaciones de gozo en su frente… ¡las conocía tan bien! Bertrand le había hablado acerca de eso cuando le había dado a su amigo esos masajes estando en la playa, para relajar sus adoloridos músculos. Peter lo sentía siempre que captaba que alguien estaba haciendo algo especial para él. Por ejemplo, cuando su madre lo acariciaba. ¡O cuando se trataba de cosas tales como esta música de órgano! ¡Esas profundas notas bajas, esos poderosos registros! Estaba sintonizado con Bach. El gran maestro. La hora pasó como si fueran sólo unos pocos minutos. Peter estaba listo para cantar.

Cuando regresó al salón, el profesor dijo aliviado. ¡Gracias a Dios que estabas aquí! ¡Pensé que habías huído! Pero su sonrisa le dijo a Peter que su temor no había sido tan grande. Devolvió la sonrisa y dijo ¿Yo huyendo del canto? ¡nunca espere eso! ¡no se librará usted de mi tan fácilmente! Luego se puso su atuendo coral, que el profesor le había alcanzado, y recibió las últimas instrucciones del anciano.

Después de concluído el intermedio, y los instrumentistas hubieron acomodado sus cosas, el coro entró a la catedral y se alineó adecuadamente. Cerca de cincuenta niños jóvenes y unos veinte mayores en las filas de tenores y bajos. Realmente demasiados para una obra de Bach con instrumentos de la época, pensó Peter. Pero el profesor les había instruido para contener sus voces a menos que él les diera la señal de alzarlas. Todo estaba previsto.

Entró Bill seguido de Marc, Bertrand y Peter. Pobre Marc, tendría que soportar a ese bastardo a su izquierda durante toda la duración de la cantata. Entonces entró el profesor. Saludó brevemente, y el público se mantuvo silencioso. Realmente, ni siquiera habían aplaudido tras la música de órgano. Por lo menos de nuevo se respetaban las tradiciones… Peter gustaba de los aplausos, pero no en la iglesia….

El Sr. Holtmann empezó la cantata. La orquesta empezó, seguida por el coro. Suavemente, como se les había dicho. Sonaba tan bello. Tan al estilo de Bach. Esos corales de Bach se podían reconocer sólo después de haber escuchado unos pocos compases. Pronto terminó el coral. Peter estaba listo. Comenzó su recitativo; su voz sonaba limpia y fresca, a pesar de todos los problemas de los últimos días. Producía confianza. La necesitaba. Juntó la pieza con el aria siguiente, y dejó volar su voz, y luego reteniéndola un poco. Pero el Sr. Holtmann le hizo seña de seguir adelante. Los instrumentos eran perfectamente audibles junto con su precisa y ajustada voz. El podía oirlas bastante bien mientras cantaba, ¡de modo que estaba libre! Usó las notas de adorno originales de Bach, y tuvo que admitir que eran buenas. ¡Los saltos por grandes intervalos, eran tan fáciles! Bach sabía lo que hacía, los instrumentos siempre tenían que tocar los tonos adecuados unos pocos tiempos antes, de modo que él siempre sabía dónde tenía que aterrizar su voz, Después de todo, Bach escribió fugas, sea lo que fuere en lo que estuviera trabajando. Peter cantó jubilosamente. Después de todo, ¿podría ser que Jimmy estuviera allí? Podía imaginar que si hubiera habido alguna posibilidad, habría suplicado que lo llevaran. Y cantó y cantó. El aria era larga, ¡y la gozó tanto! Terminaba la última nota alta. Peter podía oir su propia voz reverberando en el gran salón, atenuándose lentamente… No, los ventanales de la catedral no se habían reventado. Repentinamente recordó sus extraños sueños de tiempos antiguos en Italia, cuando había hecho reventar los ventanales al cantar una nota así. ¡Debe haber sido caro cantar de ese modo! Por fortuna tales cosas sólo sucedían en los sueños… Pero su vida, su futuro, su presente era éste: cantar, sólo cantar.

Comenzó el aria de Marc. El continuador de Robert. Merecido continuador. Tan gran voz de contralto como Robert había llamado a la suya propia. Cantó lentamente, cálidamente. Su voz profunda que bajaba hasta el sótano, y luego volvía a subir. Peter nunca había sido capaz de cantar nada cercano a esas notas, pero bueno, para eso estaban los contraltos… Marc lo hizo grandioso. En tanto que tanta gente había escuchado con expresión de incredulidad el canto de Peter, ahora ellos sonreían, algunos habían cerrado sus ojos. A Peter le encantaba observar a la gente que asistía los conciertos.

Luego fue de nuevo su turno. El podía ganarle a Marc. Ese era un mal pensamiento. Cambió las palabras en su mente. El podía ser mejor que el canto de Marc. Y lo hizo. Su lenta aria fue adornada cuidadosamente, poniendo el acento en cada palabra, en cada nota que lo necesitaba, aumentando su voz, y manteniéndola de nuevo baja. En la audiencia los ojos se abrieron ampliamente. Aumentó el tono. ¡Veamos si podemos hacer que cierren sus ojos! Por supuesto, algunos lo hicieron. ¡Qué poder tiene en su voz un buen cantante! Peter terminó su segunda aria.

Luego vino el pesado de Bill con su recitativo y aria. También lo hizo grandioso, Peter tuvo que aceptarlo, pero un poco fuerte. Tendía a sobrepasar a los instrumentos. especialmente en las notas altas. El Sr. Holtmann le hizo seña de moderarse un poco, de no alzarse. De todos modos era bueno, pero en algunas personas se vieron miradas ligeramente preocupadas o leyeron el folleto del programa. Entonces terminó, y ahora venía el duo de los sopranos. Peter le hizo un guiño a Bertrand, el amigo le respondió, los instrumentos comenzaron la larga introducción, y luego entraron primero Peter y luego Bertrand. Ellos cantaron esta pieza fugada, persiguéndose uno al otro, huyendo uno del otro, con esa composición que era el típico estilo de Bach. ¡Una fuga por donde se la mire! ¡Dentro de todo ese contrapunto, cada nota formaba una perfecta armonía con todo lo que la rodeaba! Los músicos hicieron también un gran trabajo. Cerca del final, Peter ya no pudo resistir, y lanzó unas pocas notas de adorno por su cuenta. Bertrand le guiñó un ojo de nuevo, y se le agregó. Amplias sonrisas en muchas caras de la audiencia. Nuestro tiempo está maduro para revivir la tradición de los castrati. Qué bien, pensaba Peter. ¿Habrá muchas de esas personas que sepan de esa situación? Seguramente algunas sí. Puede que otras lo supusieran. Pocas creerían que esos eran niños normales. Especialmente respecto de él mismo. ¡No te pongas confianzudo! ¡Hay tantas sonrisas ahí abajo!

El duo había terminado. los instrumentos estaban siguiendo la música introductoria del último coral. Ahora Peter no podía retirarse. Olvidó su papel de solista y se unió al coro. No había notas de adorno originales prescritas por Bach en la parte del coral. Era su oportunidad… ahora él las agregó. Cantó libremente, y vio cómo Bertrand y Marc también lo seguían. Sólo ese tonto de Bill era demasiado auto consciente para hacer lo mismo. Se mantuvo allí, como un tronco muerto, esperando que el mundo girara en torno a él. Llegó la última cuerda. Peter la adornó con un F por sobre el C alto. ¡Sólo que era demasiado malo que el G hubiera sido disonante aquí! Era su vida, su presente, su futuro. El canto. Eternamente.



-
Return To The Eunuch Archive